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El día del juzgador / Así es el Derecho / Élfego Bautista Pardo

  • Élfego Bautista

Casi es regla que cuando escuchamos hablar de personas dedicadas al servicio público, sean de la administración pública, legisladores, y sobre todo, juzgadores, la información que  obtenemos consiste en que cometió un error, o quizá un delito. Muy pocas veces son de conocimiento popular los aciertos y acciones que permiten el funcionamiento del Estado y el ejercicio del poder por medio de sus instituciones.

La evolución de las comunidades humanas, de la que nos habla John Locke en su “Segundo Tratado Sobre el Gobierno Civil”, puede crear convicción de la importancia de la existencia de las instituciones, el Derecho y, sobre todo, del Estado, pues nos narra cómo al principio de los tiempos el hombre habitó en un estado de naturaleza, es decir, sin leyes ni instituciones; pasó por un estado de guerra en el que imperaba “la ley del más fuerte”, y evolucionó hasta vivir en sociedad civil, que propició la instauración del Estado, que impuso a todos los individuos ser respetuosos de las leyes e instituciones que actualmente le permiten la satisfacción de sus necesidades fundamentales, la defensa de su vida, su familia y su patrimonio.

El sostenimiento de este Estado en el que nadie puede violar los derechos propios y de terceros, y en el que existen leyes e instituciones que permiten el orden público y la paz social, no sería posible sin las personas que dedican su vida a hacer funcionar la maquinaria estatal; aunque desde nuestro lugar como gobernados, tenemos todo el derecho a exigir que las labores públicas se realicen con diligencia y honradez, y a alzar la voz cada vez que esto no suceda. También debemos reconocer la importancia de las funciones de los servidores públicos, como los juzgadores, quienes festejamos nuestro día el pasado 7 de marzo.

Mediante los juzgadores se realiza la función del Poder Judicial del Estado, la cual suele resumirse en “impartición de justicia”, expresión que va más allá de dirimir controversias entre particulares, pues también sirve de control y límite a las actividades de los poderes Ejecutivo y Legislativo, es el principal defensor del contenido de nuestra Ley Suprema y, por lo tanto, de los derechos humanos.

La labor de nosotros los jueces es difícil, pues al dirimir controversias otorgamos la razón a una de las partes, y es común el descontento de quien no es favorecido por nuestras resoluciones. No obstante, debe reconocerse que la tarea se debe realizar buscando siempre eficiencia, eficacia, excelencia, objetividad, imparcialidad, profesionalismo e independencia y siempre con pleno respeto al principio de legalidad.

El mejor juez es el que conduce el procedimiento sin protagonismo, con imparcialidad y con respeto a los derechos fundamentales de ambas partes, consciente de su gran responsabilidad; es el perito en Derecho por excelencia y debe ejercer sus funciones con consciencia de la trascendencia e importancia de sus acciones, pues por sus manos pasan asuntos en los que se ventilan derechos relativos al patrimonio, la familia, la libertad y prácticamente la vida de miles de personas.

Tan solo en el último Censo Nacional de Impartición de Justicia Estatal, durante 2014 se iniciaron un millón 927 mil 075 juicios en el país, sin contar los procedimientos penales. Dicho número nos hace reflexionar sobre la importancia que su investidura tiene para el sano desarrollo de la vida en comunidad, la defensa de los derechos humanos y la continuidad del Estado, por lo que su reconocimiento es en sí, un gran acto de justicia.

¡Felicidades en su día a todos los juzgadores!

Así es el Derecho.