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“El Diccionario” descubre a una mujer excepcional

  • Teatrikando: benjamín Bernal

Se puede ver en la Sala Xavier Villaurrutia hasta mañana,
quizá la trasladen a otros foros.
“El Diccionario”, estrenada en 2012 en el Teatro de la Abadía de Madrid, publicada hasta 2013, ganó el Premio Nacional de Literatura Dramática en 2014. Habla de la bibliotecaria y lexicógrafa española María Moliner, integró el “Diccionario de uso del español”, consideran la obra un homenaje a la figura femenina en la cultura; nos recuerda que en la mente y la palabra son los únicos lugares donde existe la libertad.

María Moliner vivió de 1900 a 1981 y ya no la podremos imaginar con otro rostro que el de Luisa Huertas, a quien vemos preocupada por ciertas etimologías y su uso práctico, lo mismo que por zurcir calcetines y angustiarse por Francisco Franco, el de poder soberano. Es innecesario decir que en ocasiones el “uso práctico de ciertas palabras como legalidad, democracia, justicia, equidad son entelequias cubiertas con maquillaje lingüístico; sus conceptos solo viven en el papel, al llevarlas al mundo hablado cambian y en la realidad son traicionadas. La actriz interpreta a una filóloga y lexicógrafa que dedicó su vida a terminar el Diccionario de Uso del Español (DUE), afirmaba que el personaje era imposible terminarlo, pues el lenguaje cambia frecuentemente. La escenografía son las fichas que ha escrito y los pasillos que transitan están flanqueados por kilos de papel que contienen sus definiciones y exploraciones de la lengua, curiosamente entre más escritos ha reunido, más van creyendo que pierde la memoria o sufre aterosclerosis. Así como ama las letras, así ha amado a su familia y algo muy parecido a los celos, surge en su esposo, interpretado por Oscar Narváez, ellos se han acompañado toda su vida y lo seguirán haciendo. Roberto Soto e Israel Islas completan el reparto. El médico permite un contrapunto: ¿Realmente se deteriora su mente? ¿Existe el diccionario del que habla? ¿Alguien lo publicaría? Esa es la dinámica para que estemos al pendiente de cada palabra, gesto y doble juego de María Moliner. El método narrativo permite estar informados de su vida familiar, cuidados domésticos y la cercanía de la vida académica con el extraño poder que ejerció Franco. No le puedo contar todas las reflexiones que surgen al recibir los impactos de esta mujer que se mete en nuestra construcción de ecos e imágenes, por ello debe verla. La sala Villaurrutia esta atrás del Auditorio Nacional.
SÁNCHEZ HUERTA, UNA REFLEXIÓN NECESARIA

En el Foro Milán de la colonia Juárez vimos a Roberto Sosa, Ana Karina Guevara, Mónica Dionne, Damayanti Quintanar y Socorro Miranda, quienes dan vida a un texto de Claudia Ríos. Brillan Ana Karina, Damayanti y Roberto, que tienen mayor peso en cuanto a diálogo y descubrimientos. La escenografía es bella, parece un capricho para meternos a un salón de clase, flanqueado por pasillos, salas, donde pueden tener espacios juntos-separados. Nos cuenta una historia como es posible haya muchas: una niña perfecta, un padre que se va, una madre poco afecta a visitar la escuela de religiosas, y un fatal desenlace. Si, no es frecuente escuchar en los colegios acerca de suicidios, pero hay niños-jóvenes-adultos que sin darse cuenta, un día perdieron su destino. Buen trabajo individual y grupal,
dirige Benjamín Cann.