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El drama de la sociedad / Razón de Estado / Joaquín Narro Lobo

  • Joaquín Narro Lobo

México es un país que provoca que el pecho de cualquier nacional se infle de orgullo por sus mágicas tradiciones, sus bellos paisajes, su milenaria historia, su grandeza natural, su maravillosa gente. El nuestro es y ha sido un país que se ha destacado por su solidaridad con otros pueblos que han atravesado problemas y que han encontrado aquí refugio para comenzar de nuevo y emprender nuevas historias de vida. Ha sido y es ejemplo de estabilidad política en la región, caracterizándose como un Estado en el que el tránsito del poder se ha dado en calma institucional y sin mayores sobresaltos. México es y ha sido un Estado grande cuya fuerza trasciende lo mismo a malos y corruptos gobernantes que a sectores de la sociedad que solo lucran con la tragedia y las malas noticias.

Este espacio siempre ha sido crítico de aquellos que desde una posición de poder político, económico o social se aprovechan para obtener beneficios personales a costa de desgracias colectivas. Lo ha sido de Gobiernos corruptos que han hinchado los bolsillos de unos cuantos en demérito de millones de pobres. La ha sido de autoridades complacientes con el crimen organizado con las que han pactado para alcanzar, mantener y acrecentar un coto de poder. Lo ha sido con alcaldes, gobernadores, secretarios, diputados, senadores, jueces e incluso con Presidentes en aquellos asuntos en los que aquellos han privilegiado sus intereses por encima de los de la sociedad.

Sin embargo, el hecho es que no todos los problemas, ni siquiera la mayor parte de ellos, pueden ser atribuidos exclusivamente a los gobernantes. La sociedad es causa y efecto de buena parte de aquello que sucede y que nos afecta como país, a pesar de no querer reconocerlo y, a veces, ni siquiera verlo. Esa actitud de buena parte de la sociedad, de asumir que su papel es únicamente el de señalar los errores y defectos de los demás y no de convertirse en parte de la solución y del cambio, es una de las principales causas que han provocado una crisis extendida de valores y aspiraciones que, como remolino, nos hunde violentamente hasta un fondo al que al parecer aún no llegamos.

El problema principal es que la actitud generalizada de importantes sectores de la sociedad solo provoca la reproducción de comportamientos que la han convertido en una colectividad humana marcada por el egoísmo, el materialismo, el consumismo desmedido y la indiferencia a la otredad. Esto, amén de entrañar un problema en sí mismo, es la causa primordial de tener gobernantes cuyas actitudes replican y magnifican lo que la sociedad les ha transmitido como normal y correcto.

Es momento de levantar la cabeza y darnos cuenta que nuestros problemas como país –los sociales y aquellos que atribuimos a nuestros políticos y gobernantes– son producto de esas actitudes y comportamientos que en lo individual alentamos y adoptamos y que pretendemos que los demás no tengan hacia nosotros. O modificamos nuestra forma de ser y de entendernos frente a los demás, o la sociedad seguirá viviendo este drama en forma de espiral y con fuerza de remolino.
* joaquin.narro@gmail.com     Twitter @JoaquinNarro