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El encuentro de dos mundos

  • Nuvia Mayorga

El día 12 de octubre recordamos, una vez más, el momento del encuentro de las civilizaciones de América y España. El Encuentro de Dos Mundos, como lo llamara el Dr. Miguel León Portilla. Esta conmemoración nos abre un espacio propicio para reflexionar sobre el significado que este hecho ha tenido para los Pueblos indígenas. En la historia de la humanidad hay registros de que las civilizaciones han mantenido y desarrollado diversas relaciones en distintos ámbitos que, entre sus resultados, han producido numerosos intercambios que han dado lugar a procesos de transformación en todos los órdenes. Por ello, es importante reconocer que a la llegada de los españoles, los pueblos que habitaban en Mesoamérica contaban con una riqueza cultural que comprendía conocimientos de arquitectura, urbanismo y tecnología, arte en pintura, alfarería, escultura y música, mitología en torno al mundo, la naturaleza y el origen del hombre, instituciones de Gobierno, mercado y comercio, conocimientos astronómicos y de la naturaleza aplicados en la agricultura, como la utilización intensiva del maíz y el aprovechamiento de una diversidad de plantas, entre otros.

De tal forma que, a partir de este encuentro, México aportó a los europeos y de ahí al mundo, una serie de productos que vale la pena recordar y destacar el maíz, frijol, cacao, cacahuate, jitomate, calabaza, vainilla, chile, aguacate, yuca y aves como el pavo, entre otros, mientras que de Europa se introdujeron otros bienes, algunos de origen asiático o africano, como la caña de azúcar, uva, café, plátano, aceite de oliva, arroz, ajo, cebada, naranja y limón, animales como el caballo, vaca, cabra, cerdo y borrego. De igual forma, el encuentro de estas dos civilizaciones representó un intercambio de conocimientos, por ejemplo, los expresados en la rica herbolaria utilizada en la medicina tradicional de los nativos americanos que pronto fue ampliamente valorada por los europeos al realizar su registro en los tratados de botánica primero, y  posterior utilización con fines terapéuticos. La medicina tradicional indígena solo hasta años recientes ha comenzado, nuevamente, a obtener un reconocimiento que valora sus propiedades y beneficios. Por su parte, los europeos trajeron importantes avances tecnológicos y científicos, como el arado de hierro o nuevas técnicas de construcción, entre otros.

Por lo tanto, a pesar de diversas confrontaciones y desencuentros que este hecho histórico significó, el entrecruzamiento de civilizaciones generó más que la adopción mutua de productos, un enriquecimiento cultural para ambas tradiciones Por su parte, los pueblos indígenas incorporaron cuantiosos elementos de la cultura española que hoy podemos apreciar en sus sistemas de cargos, vistos en su organización política y ceremonial, en diversos conceptos de su cosmovisión que mezcla tanto a deidades católicas como de origen indígena, en sus prácticas rituales en templos y sitios naturales, en los cuales en general se manifiestan una gran capacidad de creación, originando nuevas expresiones culturales, que experimentan procesos de recreación permanente, en los que se combinan tradiciones propias y españolas. Entre estas también podemos mencionar la tradición musical que combina instrumentos adoptados en el periodo colonial —violines, guitarras, arpas, etc.—con otros de origen prehispánico —arco percutor, sonaja de guaje, tambores, etc.—, así como diversos géneros musicales asociados a la representación de danzas y múltiples celebraciones religiosas.

Hoy, en una realidad caracterizada por modelos de desarrollo y cambios acelerados en los que intervienen nuevas relaciones culturales en el contexto de la sociedad global, a partir de fenómenos sociales, entre ellos, los procesos migratorios y los medios de comunicación, México mantiene una gran riqueza cultural, en especial en los pueblos y comunidades indígenas, que enfrenta dilemas de fortalecimiento o debilitamiento.

Por ello, es de gran importancia adquirir conciencia del gran significado que la permanencia de este patrimonio cultural tiene en nuestra sociedad actualmente, en donde todos los mexicanos podamos ejercer nuestra cultura a plenitud, al mismo tiempo que respetamos la diversidad de las culturas que confluyen en nuestro país. Solamente así podemos generar un clima de confianza y entendimiento que permita una convivencia social armónica en paz y de un progreso incluyente, sustentados en el carácter pluricultural de la nación mexicana.