imagotipo

El equipo de AMLO

  • Ramón Ojeda Mestre

Los errores garrafales y las sinvergüenzadas de estos últimos años cometidas por el Jefe de gobierno del DF/CdMx, acabaron con cualquier posibilidad de que el Partido Acción Nacional subordine su zalea al PRD y en una fórmula conjunta arrebataran a Morena la posibilidad de alzarse con el triunfo basado en la delantera que lleva sin siquiera haber metido el acelerador.

El PRI, maltrecho y dividido, jugó su última carta en las elecciones de Coahuila y Edomex y salió raspadísimo en la entidad norteña y si no le hubiera echado todos, todos los kilos con Alfredo Del Mazo, estaría kaput.

Está claro que Ricardo Anaya, el del PAN, cuyo segundo apellido todo mundo elude, no mueve ni una pestañita güera para que su candidata estrella Margarita Zavala despegue y se vuelva viable, al contrario, él es el que se pertrecha hacia el interior de las filas azules. Azul es con Z de Zavala que, azul, es.

Sin embargo, lo que más impresiona a los observadores no son las encuestas, que, aún amañadísimas, ya dan flojera supina, ni los dimes y diretes internos tan soporíferos, salvo cuando interviene el mega histriónico y mega histórico Fernández de Cevallos; lo que impresiona es que estén en la luna todos los partidos y candidatos menos el de López Obrador, cuando están a menos de un año de las elecciones más difíciles de toda la historia de México.

El PRI por sus gobernadores y el presidente de México, se han visto envueltos y abrasados en un remolino de acusaciones de corrupción y de ineficiencia como nunca se había visto, lo que coloca a ese partido aún en el poder, en el peor de los escenarios posibles. Hay que reconocer que el principal error de Peña Nieto fue su equipo de gobierno, que desde el primer día le dejó pasar tantos goles y se manejó tan mal, que hoy volvió irreversible su debacle.

Fue y es, de tracto sucesivo, un continuum que, en Educación, Gobernación, Seguridad y todas las demás áreas de su “gobierno”, todas, se convirtió en una barroca y abigarrada tragedia de equivocaciones, complicidades, confusiones y aturdimiento, que, en medio del incremento de la pobreza económica de la inmensa mayoría de la población, se dio un caldo de cultivo de acritud y acrimonia que devora cualquier intento de generar simpatía institucional.

La renuncia del procurador de Justicia de la Ciudad de México demuestra que el equipo de Mancera, que de por sí era un rompecabezas desarticulado, pone en evidencia que aún en el más estrecho circulito de Mancera, el barco ya está haciendo agua, aunque él ande navegando alocadamente por todo el país mientras que en la ciudad están sucediendo todo tipo de cosas sangrientas, purulentas, contaminantes y de terapia intensiva.

Por ello es que el equipo de López Obrador se ha venido manifestando como el principal activo de esa fuerza política, adicionado, desde luego, al trabajo que este líder tenaz ha venido realizando incansablemente desde hace décadas. AMLO tiene un staff de lujo, los demás ni a equipo llegan y, con la pena, el de EPN ha sido su dogal en la segunda acepción de la palabra.

El de AMLO es un equipo de trabajo de hombres y mujeres lo mismo sencillos que súper intelectuales y científicos y ello habla bien de las posibilidades de gobernar con las dos únicas herramientas que se necesitan para triunfar: honradez y sensatez. Habría que poner estas dos palabras con mayúsculas. Honradez y Sensatez, que es lo que ha faltado en las cumbres de las aristocracias gobernantes. Usted decide, guapa señora, si dice que sí o que no. A usted apoltronado bigardón, ni le cuestiono.

rojedamestre@yahoo.com