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El “espinoso” Maduro

  • Catalina Noriega

Se soltó la jauría: Ante la condena del gobierno mexicano, a los desaguisados del señor de Venezuela, un minisector de la izquierda azteca, vociferante y rabiosa, criticó acremente el que se “interviniera” en los avatares de otra nación.

Salió a relucir la socorrida Doctrina Estrada –la que usan a conveniencia- y le dijeron de todo al Virrey Videgaray, a quien se le acusó de trabajar para los intereses yanquis. De manera que, de acuerdo con estos mentecatos, habría que aplaudir la muerte de más de un centenar de venezolanos y hacerse de la vista gorda, frente al destape de una dictadura.

Ni es el primer sainete ni será el último. Les falta dar un repaso al pasado y releer lo que sucedió cuando el tirano Pinochet se entronizó, o el reclamo de Luis Echeverría contra Franco –a raíz de que les aplicó el garrote vil a unos pobres desgraciados- y otros más incidentes diplomáticos, en los que se condenó a gobiernos extranjeros e incluso, se rompieron relaciones.

Si se piensa que el heredero de Hugo Chávez actúa por el bien, la independencia y la soberanía de su territorio, hay que ser más que inocente. Al impreparado e ignorante Maduro le gustó el poder y no piensa soltarlo, así acaben en una guerra civil.

Le estorbaba una Asamblea Nacional, opositora a su autoritarismo y la única forma de aniquilarla era mediante la convocatoria a la Asamblea Constituyente y su farsa electoral.

La Asamblea Nacional se eligió el 6 de diciembre del 2015 y terminaría su periodo el 5 de enero del 2021. Servía como balance a las incoherencias del populista, incapaz de librar a sus desgobernados de la crisis económica que sufren.

Tengo un gran amigo, brillantísimo corresponsal británico, que reside en aquellos lares, desde hace unos 15 años. Se casó con una venezolana, tienen un niño pequeño y se niegan a abandonar el país, a pesar de lo mal que la están pasando.

Su último tuiter, después de la fatídica jornada de la votación, me conmovió. Decía que estaban desolados y que no sabían cómo adaptarse, individual y colectivamente. “Hay una dictadura que ha acabado con la democracia”.

Lo que según tantos jilgueros autóctonos es propaganda para denostar a ese régimen, cae por sí mismo, cuando te comunicas con personas sensatas, de una auténtica Izquierda y te pintan el drama al desnudo.

Cero libertad de expresión, una represión brutal, carencia de artículos de primera necesidad, inflación descontrolada; miedo de salir a la calle, a las fuerzas del orden público y la incertidumbre de un futuro, que pinta peor.

Hugo Chávez era un hombre inteligente, con visos democráticos. El error más grande que cometió fue el de dejar a este personajillo, sin cualidades para continuar lo que se suponía la gran transformación.

La globalización obliga a cambios. Es imposible hacerse sordos a las violaciones de los Derechos Humanos en otros enclaves. ¿Qué aquí tenemos problemas de sobra, como para andar metiendo las narices en los de fuera? Cuando menos podemos denunciarlos y gritar a los cuatro vientos nuestras inconformidades.

El sacar a relucir lo mal que estamos, como argumento para descalificar la crítica a un sistema antidemocrático, es de párvulos. Imposible actuar como el avestruz.

Imperdonable sería el seguirle el juego a la Casa Blanca y tomar posturas por un sometimiento vil, por órdenes del exterior. De eso a lamentar el que Venezuela se acerque al precipicio, hay un abismo. Cualquier dictadura es condenable y de demócratas, el solidarizarse con quienes la sufren.

catalinanq@hotmail.com

Tuiter: @catalinanq