imagotipo

El Estado profundo

  • Luis Humberto Fernández

En 2010 el profesor Peter Dale Scott publicó el libro “El camino hacia el nuevo desorden mundial”, donde describe lo que llamó “El Estado Profundo” de Estados Unidos y que refiere a la estructura secreta que dirige la política exterior y de defensa de ese país. De acuerdo con Scott, la expresión “Estado Profundo” provino de Turquía y surge en 1996, después del accidente de un auto Mercedes que circulaba a toda velocidad, en el que viajaban un miembro del parlamento, una reina de belleza, un importante capitán de la policía local y el principal traficante de droga de Turquía. Este suceso evidenció una relación secreta entre la policía y quienes cometían crímenes en nombre del Estado.

Scott adapta esta expresión para referirse a la “conexión que existe entre Estados Unidos, el Estado público constitucionalmente establecido y las fuerzas profundas que se mueven en un segundo plano de ese Estado: las fuerzas de la riqueza, del poder y de la violencia que están fuera del gobierno”.

En México la realidad no es diferente. Si bien existen funcionarios que han encontrado su vocación en el servicio público, también hay quienes han hecho de éste un instrumento de poder. Órganos de seguridad con militancia partidista y una operación facciosa; un mercado construido a base del tráfico de recursos que se da al interior de la Secretaría de Hacienda y Crédito Público (SHCP) para realizar proyectos en diferentes estados; empresarios, narcotraficantes y señores de la guerra locales que utilizan los activos del Estado a su conveniencia, son muestra de que este Estado representa la forma más dolorosa de la corrupción.

Existe el Estado Profundo, no hay duda, la pregunta es:¿quién manda hoy? ¿Las autoridades electas o los poderes fácticos? Las pruebas de esto van desde el espionaje político contra líderes opositores, la vinculación de resultados electorales con el comportamiento de ciertas empresas en la Bolsa, la asignación arbitraria de grandes contratos, las obras públicas de mala calidad, hasta una red de intereses que utiliza a actores políticos de ciertos partidos como peones en su juego económico. Es la cúspide de la cadena de corrupción.

Vamos hacia un proceso electoral en condiciones riesgosas: con una autoridad electoral cuestionada; instituciones débiles, el uso de recursos públicos o programas sociales en campañas; elecciones locales en las que se ha acreditado un exceso en los gastos, por mencionar algunos. Un choque entre el status quo y el Estado Profundo frente al interés público y la fortaleza institucional, que generará grandes presiones al sistema político.

El Estado Profundo genera desigualdad, ineficiencia, pobreza, pero sobre todo es una de las mayores vulnerabilidades del Estado mexicano. Para rescatar a México es necesario limitar este Estado Profundo, lo cual es posible con un cambio de fondo en la élite del poder y en este momento sólo hay un proyecto que puede realizarlo.

Senador por PT-Morena

@LuisHFernandez