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¿El fantasma de la inflación? / Horizonte Económico / David Colmenares Páramo

  • David Colmenares

La inflación derivada de las devaluaciones del peso mexicano forma parte de la historia económica del país, lo cual se tradujo siempre en un deterioro del nivel de vida de los mexicanos menos favorecidos, los campesinos y los que sobreviven en el sector informal.

Hoy es claro que a pesar de los promedios ya hay un incremento generalizado de precios en los productos que componen el consumo de las clases medias, como los abarrotes, algunos alimentos y -como ya he comentado- las medicinas. A la par se está dando un proceso de manejo deshonesto de los inventarios, de forma tal que muchos de estos productos existen en los almacenes, pero los guardan esperando el alza de precios. Es el caso de las medicinas, incluso los genéricos se han incrementado, lo que afecta a todos; a unos los pauperiza, a otros simplemente los excluye de sus consumos, como es el caso de las medicinas contra la diabetes, lo cual nos hace pensar en controles de precios temporales.

Hemos tenido tiempos realmente dramáticos de inflación; recordemos lo que pasó en 1987, cuando el indicador de precios llegó a 200 por ciento; por supuesto, las tasas de interés crecieron y las importaciones se encarecieron, el resultado fue incremento extraordinario en los precios. Lo mismo pasó en 1995 y en general en los momentos de crisis, como el actual. A pesar de una ligera recuperación del tipo de cambio, lo cierto es que el sol no se puede tapar con un dedo, la depreciación cambiaria en los últimos años ha sido fuerte.

En alguna época la gran discusión entre los economistas tenía que ver con el origen de la inflación, los tiempos de la llamada controversia monetario-estructuralista, espléndidamente planteada en la tesis de doctorado de Martín Luis Guzmán Ferrer, cuyo destino profesional desconozco desde los años ochenta.

Hoy el tema no es académico, sino de política económica; es cierto, hay factores externos como el del precio del petróleo, el comportamiento de economías como la norteamericana o la china, pero son más importantes las causas estructurales y de política económica internas.

En los últimos años nos hemos acostumbrado a las tasas de inflación de un dígito; no solo nosotros, casi todos los países de América Latina; en ello el Banco de México ha cumplido bien su papel, pero la política monetaria no puede sustituir ni compensar las consecuencias de políticas económicas que han desatendido el mercado interno, lo demuestran los bajos niveles de inversión pública, como en el caso de la petroquímica. Al desatender los apoyos reales a la empresa, se quitan apoyos reales a la creación de empleos.

La gente ya muestra miedo a la inflación, irritación en los supermercados o en los mercados públicos; por ejemplo, los precios de muchos productos, que van desde las servilletas, los cereales, los quesos, el papel sanitario, hasta el alimento de los perros, se han disparado, y en los casos en que no, se ha reducido la cantidad, como en el pan de caja, el queso envasado, el shampoo, etcétera.

Cuidado, el incremento generalizado en el nivel de precios es contrario a la democracia.

Sería muy útil que se reactive el Taller de Indicadores de la Facultad de Economía de la UNAM, para que igual que el de la UAM, o el del Centro de Estudios de las Finanzas Públicas de la Cámara de Diputados, elaboren índices de precios sectoriales, para que el análisis sea más preciso.
brunodavidpau@yahoo.com.mx