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El Fin

  • Pasos de Diamantina: Lorena Avelar

Lorena Avelar

Amanece, todo es suave y sosegado; los colores son fríos y se desplazan con gentileza, luego se extienden y definen y, por fin, todo se envuelve de una claridad poblada de armoniosos murmullos. Es el fin y el inicio
de todo.

El fin es algo real y tangible. El fin de todo cuanto conocemos, de ciudades silenciosas de edificios grises llenos de humedades, de nubes oscuras, edificios fríos y cristales rotos, calles desgastadas, tiendas saqueadas y comida podrida bajo el olor a podredumbre.

El fin de líneas que no llevan a ninguna parte y solo son arterias y venas vacías. Fin de montañas que se derrumban; montañas de piedra, reducidas a escombros, montañas de roca viva, sin un ápice de vida, montañas que resguardan la asechanza.

El fin de árboles que sueltan hojas, árboles que mueren por las lluvias ácidas que erosionan el suelo. Fin de la hierba que se mece junto al viento y el gran roble que se derrumba. El final de la esperanza que nos da el tacto y cosquilleo del trigo; del aire que se convierte en humo, del agua que recorre los ríos, del tacto de la piel, de la sonrisa de un niño y de un atardecer glorioso, anaranjado. El final del fuego que calienta y da refugio; fuego que quema y que consume. El final de la esperanza que se desvanece en nuestro cuerpo, nuestra fe y nuestra substancia.

El fin se desliza hacia la extinción, excepto del Tiempo, pues su extraña naturaleza consiste en transcurrir interminablemente. El fin es un inicio, la muerte es una nueva vida, nada se extingue, ni termina, solo gira. El tiempo es gratuito y avanza con Pasos de diamantina, como el propio universo, inconmensurable, cuya suma total equivale a nada.