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“El gran hermano” / Cuchillito de Palo / Catalina Noriega

  • Catalina Noriega

Conocido en idioma inglés como el “Big Brother”, llegó para quedarse. Vivimos rodeados de cámaras en las calles, que lo mismo apuntan a la persona que espera un autobús, que al malandrín que asalta a un conductor detenido por el semáforo en rojo.

Las hay por todas partes: en las fachadas de los edificios, en las mansiones, en los centros comerciales, en los estacionamientos. También, en la Ciudad de México, acribillan con sus constantes disparos, a los automovilistas que presuntamente exceden la velocidad, aunque según se documentó en días pasados, parece que arremeten sin distinción de kilometraje, “porque aún les faltaba calibrar”, o alguna otra tontería técnica, siempre buen pretexto para disculpar los abusos y arbitrariedades.

Lo que no se había visto es que una autoridad, pescara a ciudadanos violando la ley y subiera estos incidentes a las redes. En razón de la “modernidad”, un funcionario –que dicen que no lo es-, de la delegación Miguel Hidalgo, puso en marcha la audaz estrategia de la exhibición pública, contra transgresores de la norma cívica.

Subió a la red, mediante una aplicación al teléfono celular -que se conoce como Periscope y que transmite en tiempo real-, hace unos meses, a una señora que tiraba la basura en plena banqueta. Arne Aus den Ruthen, quien ostenta el título de city manager de la mentada demarcación, se propone dejar constancia de las faltas administrativas y atropellos todavía más graves.

Después de la dama de marras, a la que grabó aventando las bolsas de basura, empezó a cazar a los escoltas que obstruyen las vialidades, las aceras, las entradas de vehículos; que amenazan a los conductores que circulan a igual velocidad y que, inclusive, avientan bala a quienes los incomodan.

Prepotentes con los ciudadanos comunes y corrientes, serviles y lacayunos con quienes les pagan, se convierten en azote de una ciudadanía con dolores de cabeza de sobra, sencillamente con tenerse que trasladar de un punto a otro, en esta irredenta megalópolis.

Hay quien piensa que los tales energúmenos siempre “cuidan” a políticos. Se equivocan. Para la clase privilegiada son artículo de primera necesidad y de aquí su proliferación.

Tuvo Arne la “osadía” de mostrar las tropelías de los barbajanes a cargo de Raúl Libien, ejemplo clásico de algunos mercenarios de la comunicación. Por órdenes de su amo, lo golpearon y le robaron el celular y el reloj. El autor material de la fechoría ya fue consignado (Falta el intelectual), pero frente al merequetengue, la mandamás de los Derechos Humanos Capitalinos, declaró y pidió medidas cautelares, porque se atropellaron los derechos del agresor.

La línea de los derechos humanos es delgada y se cruza con facilidad. Para Perla Gómez Gallardo (Presidenta del DH de la Ciudad de México), un funcionario no puede poner en las candilejas a un presunto culpable, porque ipso facto lo condena y tiene razón.

Durante el Calderonato se exhibía a cualquier presunto delincuente, se le tachaba de peligroso, de delitos de ligas mayores, antes de que se le procesara y sentenciara. Por supuesto que se creaba la imposibilidad de un juicio justo.

La diferencia con el Periscope de Aus den Ruthen es que se filma al infractor in fraganti y al ponerlo en vergüenza ante la sociedad, el ejemplo será útil como disuasivo para quienes infringen la norma cívica. La sociedad lo aplaudió. Inerme frente a los abusos de los privilegiados, agradece el que alguien intente detenerlos y publicite la cantidad de abusos.

catalinanq@hotmail.com

Tuiter: @catalinanq