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“El hilo se rompe…”

  • Gabriela Mora

Desde antes del IV Informe de Gobierno se rumoraban cambios en el equipo presidencial de Enrique Peña Nieto, aun cuando el propio Presidente lo había negado; sin embargo, precipitados o no, los movimientos se dieron como una consecuencia necesaria luego de la infortunada visita del candidato republicano Donald Trump, cuyo evento concluyó en la inocultable división del equipo presidencial.

Luis Videgaray, artífice de la visita, es hoy el “hilo roto”, exhibido por filtraciones internas, ante de la evidente  oposición suscitada entre los más prominentes miembros del equipo presidencial, aun con el esfuerzo del  propio Peña por proteger a su amigo, confidente y operador de la profunda ola de críticas que el evento generó y del que Videgaray asumió plena responsabilidad. Y pese a que Enrique Peña intentó compartir y más aún asumir dicha culpa, imposible cargar con todo el costo político para el Presidente, lo que hizo impostergable la renuncia de Videgaray…

Así pues, se sabe que en contra de su voluntad el presidente Peña Nieto aceptó la renuncia, y la verdad, no le quedaba de otra, máxime después de como el republicano se ha comportado durante y después de su entrevista en Los Pinos: el mismo día del encuentro continuó sus acostumbradas vociferaciones, y este mismo miércoles presumió que la salida del poderoso secretario es una muestra del “éxito” de su viaje: “Si nos fijamos qué pasó, mira el resultado de hoy, la gente que organizó el viaje se ha visto forzada a estar fuera del Gobierno”, comentó pero como es su costumbre, el jueves, vía twuitt, reculó: “México perdió un brillante ministro de finanzas y un maravilloso hombre que, lo sé, es muy respetado por el presidente Peña”… Otro mensaje:  “Con Luis, México y Estados Unidos hubiesen hecho grandes tratos juntos, de los que ambos se beneficiarían.”

El caso es que el enroque esperado en el Gabinete presidencial, se plantea como consecuencia de amistades entrañables y lealtades inviolables: la idea del autor intelectual y material respecto a la visita, la recepción del candidato republicano como jefe de Estado y las reiteradas declaraciones de Trump, han sumido al Presidente de México en las profundidades de la impopularidad y del descontento social ante la ofensa, al punto de llevarlo a la condena del abismo: era necesaria la caída de una cabeza, particularmente de esa cabeza, para atribuirle la culpa del desaguisado.

Hoy sabemos que, ante la imprudencia de los hechos, la canciller Claudia Ruiz Massieu Salinas, había presentado su renuncia y fue Enrique de la Madrid Cordero, secretario de Turismo, quien la persuadió de retirarla en aras de la relación afectiva con el Presidente.

Trascendió igualmente que Miguel Ángel Osorio Chong, secretario de Gobernación y crítico igualmente de la odisea de recibir a Trump, habría sugerido cancelar la invitación al indeseable huésped y, una vez realizado el hecho y en afán de salvar a su jefe, se habría ofrecido como “chivo expiatorio” asumiendo los costos políticos… Finalmente, fue Luis Videgaray Caso quien asumió los costos al más puro estilo de “Todos para uno y uno para todos”, la cosa era liberar un poco la presión y rescatar al Presidente de la pesada carga que se había echado encima justamente un día anterior a la presentación de su IV Informe de Gobierno.

Pues bien, la salida de Videgaray  da oportunidad de modificar políticas que no han funcionado durante el sexenio, como lo ha sido la imagen de un Gobierno arrogante y un Presidente con escasos índices de popularidad.

Durante estos cuatro años se ha desaprovechado algo que mucho se promovió en tiempos de Peña en el Estado de México: su facilidad para conectar con la gente; hoy percibimos a un Presidente acartonado, distante hacia sus gobernados; no obstante, hemos de reconocer que durante esta administración se han impulsado reformas históricas pero que han afectado grandes intereses: ¿no habría sido conveniente promoverlas y lograr un respaldo social? Observamos un estilo de Gobierno, sin popularidad que muy probablemente concluya en la entrega del poder…

Sustituye a Luis Videgaray en la Secretaría de Hacienda, José Antonio Meade, llegada que, pese al entorno adverso, fue recibida con beneplácito por el sector económico y el político, en vista de la buena opinión que el Dr. Meade se ha ganado ante agencias financieras y calificadoras internacionales.

Meade tiene buena relación y diálogo con la oposición, además de los empresarios que de inmediato han otorgado un voto de confianza al nuevo secretario; a la Secretaría de Desarrollo Social llega uno de los más allegados al Presidente, Luis Enrique Miranda.

Lo cierto es que, pese a las declaraciones del Presidente en su afán de convencernos respecto a que el tiempo le dará la razón,  de esta administración solo podemos esperar lecciones de lo que no se debe hacer: Nos olvidamos que la política también es cultura y se practica con ideas… Como sociedad, necesitamos elegir con más cuidado y, sin ofender, fijarnos en que los candidatos presidenciales cuenten con más conocimientos. Esto también es cultural…

Y gustosos y orgullosos, esperemos el 15 y 16 de septiembre: esto es independiente, ¡¡¡VIVA MÉXICO!!!
gamogui@hotmail.com