imagotipo

El hombre entre la fantasía

  • Espiral de conducta: Norma Le Payro

“La imaginación es una experiencia que se puede llevar a una fantasía inexplorable o de terror”.: Norma Luna.

Los niños mienten por fantasía o para llamar la atención, pero un hombre y/o una mujer adulta ¿qué motivos tendrían para mentir mediante una fantasía, capaz de generar una realidad incongruente, con daños conscientes e inconscientes a terceros? Expertos en conducta afirman que la fantasía en el presente, se ha desarrollado como una forma de comunicación interpersonal, para lograr salir de las grandes frustraciones impuestas por estilos de vida personal, social y de salud. Las personas atrapadas en la fantasía, suelen tener una personalidad narcisista; un patrón general de megalomanía (en fantasía o comportamiento, amor obsesivo) y, preocupado por fantasías de éxito ilimitado, poder, brillantez, belleza o amor ideal. El principio de la fantasía en la vida cotidiana se encuentra en los pensamientos sobre las cosas que les gustaría hacer o desear haber hecho, fantasías de control y ensueños, basta un detonador emocional o visual que le dé un sentimiento de inferioridad ante su entorno y su meta a alcanzar, que nace de una velocidad de pensamientos deshabituados y fantasiosos para aniquilar de manera fulminante el estorbo para realizar su fantasía. El investigador Vaillant, en su estudio de los mecanismos de defensa, tomó como ejemplo central de “una defensa de inmaduros, la fantasía que viven en un mundo de sueños en el que te imaginas ser exitoso y popular, en lugar de hacer verdaderos esfuerzos para hacer amigos y tener éxito en un trabajo”. La fantasía, cuando se lleva al extremo, es un rasgo común de trastorno narcisista de la personalidad y, sin duda, Vaillant encontró que ni una sola persona que utiliza una gran cantidad de fantasía tenía amigos cercanos. La fantasiosa o fantasioso lo primero que hacen es conseguir un persona que crea la fantasía, por consiguiente genera toda una red de mentiras para edificar su mundo; ya con la víctima, hace todo lo posible por separarla de todos sus orígenes, el conducto: elevando el ego de la víctima con palabras dulces, enmascaradas y descalificadas hacia familiares y amigos. Al tener el dominio, ya no le importa que su personalidad sea descubierta, ya que para ese momento tiene un total control de quien le cuidará su mundo de fantasía. La fantasía frecuentemente se alimenta de actitudes exigentes y dramas, que puedan doler y atormentar a su víctima o pareja, creando una línea progresiva patológica que lo lleva a la destrucción emocional y económica, convenciéndola que todos fueron, menos el fantasioso. A solas busca encuentros con personas que afirmen su personalidad fantasiosa; asimismo, buscan personas para desahogar de manera mitómana la imagen de las personas que les causa cualquier rivalidad o amenaza. Esta situación es ocultada normalmente ante su víctima. Tienden a inventar que conocen a artistas, políticos y personalidades de alta sociedad para seguir con la fantasía, a extremos de abordar dichas personalidades con pretextos banales y comunes: “¿me desatoras mi collar, por favor?”, festejando con risas y aludiéndose a sí misma grandiosidades inexistentes. El fantasioso siempre es descubierto por terceros, terminando en abandono, o por su próxima víctima.