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El impacto de la globalización en las elecciones de EU

  • Marco Bernal

  • Marco A. Bernal

El martes pasado, 8 de noviembre, la sociedad estadunidense eligió a Donald Trump como su presidente número 45. Después de una campaña explosiva, con muchas altas y bajas en las encuestas, con los mercados  financieros en pánico y una posible inestabilidad de los aliados internacionales de Estados Unidos, las elecciones de 30 Estados otorgaron 279 votos del Colegio Electoral para el candidato republicano.

Las personas que votaron por Trump ejercieron un voto antisistema. El presidente electo y su equipo de campaña consolidaron una amplia base de simpatizantes utilizando un discurso de identidad radical y populismo económico que hizo eco en las personas que no se sienten beneficiadas por el actual crecimiento económico del país. Personas que han sentido el efecto negativo de la globalización y la diversificación de la producción de bienes y servicios.

Los beneficios de la globalización y la diversificación superan con creces sus desventajas. El semanario The Economist estimó que el comercio con China representó una ganancia de 25 dólares para cada estadunidense en 2008. Sin embargo, fue el lado negativo lo que llamó la atención del electorado. Un ejemplo se observa en el sector automotriz americano con la reubicación de plantas en países como México.

La salida de miles de industrias a países con salarios más competitivos aumentó en el imaginario de las personas blancas que se desempeñan en el sector obrero miedo al desempleo y la posibilidad de precariedad laboral. El equipo de campaña de Trump supo fomentar este miedo a través de un discurso ultraconservador, nacionalista, xenofóbico y misógino como instrumento idóneo para posicionar demandas de cambio en los sistemas político y económico.

El discurso de Trump, vacío de propuestas concretas, se basó en acrecentar el miedo al terrorismo, fomentando la percepción de inseguridad nacional; implantó la idea que los migrantes provenientes de Latinoamérica se roban los empleos, proponiendo la construcción del famoso muro fronterizo; replanteó la necesidad de un política económica proteccionista, proponiendo la renegociación del Tratado de Libre Comercio y el Acuerdo Transpacífico de Cooperación Económica.

El actual Presidente de Estado Unidos enfrentará una sociedad fracturada que anhela una economía más fuerte y un país más seguro, pero que se encuentra inconforme con las decisiones de sus representantes políticos, así como desarraigada de una identidad estadunidense. En este escenario, Trump deberá cumplir sus propuestas de campaña, muchas de ellas, utopías.

Este nuevo escenario en nuestro país vecino requiere por parte del gobierno mexicano una reconfiguración estratégica de su política internacional para establecer una sana convivencia con la nueva administración del presidente Donald Trump. El contacto inmediato realizado por parte del Gobierno mexicano con la actual administración de la Unión Americana es un primer pasó para volver a replantear los temas que comparten ambas naciones.