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El imperio de la ley / Palabra de Legislador / Luis Alfredo Valles Mendoza

La conducta del ser humano en sociedad es un principio básico que a lo largo de la historia ha determinado la aceptación o rechazo de los individuos, es sin duda, un ejercicio de naturaleza pura en el que se castiga a quienes no respetan las normas previamente establecidas.

Así, el hombre se acepta como perteneciente a un grupo y por ende, como pieza de un todo que se autoregula mediante preceptos y normas. Todos ellos, importantes instrumentos que rigen su actuar y determinan el alcance de sus libertades.

La Ley tiene como fin regir la vida en sociedad sin excepción ni distingos, pues incorpora a la realidad un escenario de orden que encausa las metas colectivas y garantiza la supervivencia social, anteponiendo siempre el interés general.

Su aplicación debe regirse con imparcialidad, equilibrio y justicia. A la par, su propósito debe constituir un piso parejo entre los individuos, porque como lo apuntó Montesquieu, la Ley debe ser como la muerte que no exceptúa a nadie.

En la actualidad la vigencia de estas ideas parece diluirse, por lo menos en la forma. No son pocas las voces que arremeten contra las instituciones y abogan al sesgo doctrinario para manejarse en los límites del derecho, con un claro esmero en desacreditar y violentar el Estado de Derecho.

Casos como el acontecido en el Instituto Nacional Electoral (INE), donde unos llaman castigo político al ejercicio legítimo de las facultades otorgadas por la Ley, que derivó en la nulidad de las candidaturas de David Monreal en Zacatecas y Guillermo Favela en Durango, resulta por demás anecdótico.

Cuando la Ley está a mi favor, bienvenida sea, dirían los camaleones de piel delgada. Pero cuando ésta favorece a un tercero por sobre sus intereses, surgen los fantasmas del egoísmo y la falsa hermandad.

La Ley es perfectible, pero bajo ninguna circunstancia ariete de oscuras intenciones. Es cimiento de igualdad, pero también látigo de justicia. Nos parezca o no, las normas están para cumplirse y acatarse.

Cuando la incertidumbre se abre camino, la Ley es el único faro que da certeza. Es por ello que los hechos de violación y abuso sexual ocurridos en Veracruz y Tabasco deben ser revisados y juzgados a la luz del debido proceso.

En todo momento la acción de la justicia debe rayar en la pulcritud, para dar certeza a la gente que el “Imperio de la Ley” es pilar fundamental de nuestro sistema democrático. Esta es la única vía para recobrar la confianza de la sociedad y dar pasos firmes hacia la construcción de un México con futuro.

Desde el Poder Legislativo tenemos una doble responsabilidad, no solo crear, modificar y/o adecuar ordenamientos jurídicos que respondan a la realidad que viven millones de mexicanos. También es nuestra tarea velar y exigir porque éstos se cumplan.

En este camino, todo esfuerzo será en vano si política y justicia no forman parte de una misma ecuación. Porque la suma de voluntades es siempre reconocida, pero también el compromiso social es invaluable cuando lo que más apremia a los mexicanos es saberse protegidos por sus representantes, leyes e instituciones.
* Coordinador Parlamentario de Nueva Alianza en la LXIII Legislatura