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El joven Frankenstein / Entre Piernas y Telones / Hugo Hernández

  • Entre Piernas y Telones : Claudia Romero

Un humor muy a la mexicana

Hugo Hernández

No lo recuerdo con exactitud, pero debió haber sido a principio de los años 90, cuando conocí a Fredy y Germán Ortega. Fue en un pequeño espectáculo que presentaban junto con Luis Ernesto Cano, allá al sur del DF, en la avenida de la Paz, en San Ángel. Creo que era el bar Miau. Me acuerdo que me hicieron reír mucho; muchísimo para ser exactos.

Luego con gran gusto vi que su carrera empezó a crecer y crecer y crecer. La televisión fue el mejor escaparate para que su talento se popularizara.

La vis cómica de estos hermanos poblanos es realmente inagotable. A lo largo de estos años los he visto mucho y siempre, casi, me perecen muy ingeniosos y talentosos.

Lo que más me ha gustado de ellos es que pese a su enorme éxito televisivo, nunca se han alejado ni del teatro ni del cabaret, que fue donde ellos nacieron. Hace una década, creo, los vi en El Tenorio Cómico, y nuevamente me hicieron reír a carcajadas. Ese espectáculo les permite toda clase de vulgaridades y peladeces, lo que para ser del todo honestos, se les da muy bien, y el público disfruta enormemente.

Hace dos o tres años los aplaudí en su muy mexicana versión de Spamalot, el musical que permitió a los ahora llamados Mascabrothers contar la historia del rey Arturo con desenfado, muy apoyados en albures, groserías, procacidades y toda clase de señas obscenas, muy a tono con el original inglés que consagró en teatro al grupo Monty Python.

Hoy, Germán y Fredy Ortega regresan al teatro con otro reto. Se trata de El joven Frankenstein, un musical, basada en la película del mismo nombre, escrito por uno de los genios del humor y la sátira Mel Brooks.

Se trata, como bien lo indica el título, de una parodia de la historia de Frankenstein en la que el monstruo creado por el doctor cobra nuevamente vida, pero ahora como parte de un relato lleno de humor ácido y muchas, muchísimas ocurrencias.

Sin duda los mejores momentos de la puesta en escena son aquellos en los que los hermanos Ortega se adueñan del texto, de la historia y la llenan de improvisaciones, chistes, peladeces…, que todo mundo les festeja en grande.

El humor de Brooks está muy codificado, y es propio para el público neoyorkino; por ello la única manera de llegar a espectadores totalmente diferentes, como son los fans de los Mascabrothers, es mexicanizar la puesta en escena todo lo que haga falta. Lo cual es obra de los Mascabrothers, y de René Franco, responsable de la traducción y adaptación.

De esta manera, las menciones a El Chapo, Kate del Castillo, Andrea Legarreta, solo por mencionar algunos acercan la obra a su público, y todos contentos.

Se sienten cómodos con Brooks

Claudia Romero

Arrancó en la Ciudad de México la temporada del esperado musical de Mel Brooks. En el teatro Aldama, Alejandro Gou encabeza la producción de este musical protagonizado por la dupla de los Mascabrothers (Freddie y Germán). Reconozco mi falta de conocimiento de la trayectoria de estos actores y más de su paso en el teatro musical.

Tuve la oportunidad de ver Spamalot y la disfruté muchísimo. Con sus bemoles en canto. Esta producción no es la excepción. A mí las dos puestas me hicieron reír. Supongo que el equipo de producción y el resto de la compañía sí las debe pasar difíciles, pues día a día actualizan el texto con la oferta de noticias que produce este país y en un musical, la improvisación es una arma de muchos filos.

Dicen los conocedores que el humor de Mel Brooks le va mejor a los Mascabrothers, yo no lo sé, pero sí tengo la sensación de que se sienten más cómodos en esta puesta en escena. La producción física viajó desde Argentina y sin embargo, la puesta en escena está basada en lo que se hizo en Broadway con más tecnología, así que el público tendrá la oportunidad de ver un montaje único. Además de los protagonistas ya mencionados, el elenco que los acompaña es gente con una gran trayectoria en el teatro musical en nuestro país: Anahí Allué, Gerardo González, Melissa Barrera, Marisol del Olmo y me gustaría hacer una mención especial a José Luis Rodríguez que con un personaje muy pequeño, logra plasmarse en la memoria del público. Cuando reseñamos Spamalot, disfruté de su padecer, su viacrucis como director residente. Hoy arriba del escenario disfruté muchísimo con su interpretación y considero que la escena de él y Gerardo son de lo mejor que tiene la obra.

Lamento un poco la falta de orquesta, pero eso pasa a segundo plano con el espectáculo y el ensamble vocal. Un equipo de cantantes y bailarines sólidos y convincentes. El audio diseñado por Gastón Briski se agradece y en mi opinión, el mayor acierto es la iluminación del diseñador Jason Kantrowitz. Y todo este equipo no hubiera llegado al puerto que llegó, si no es por la dirección de James Kelly. Les juro que no soy malinchista, en México tenemos muy buenos iluminadores y directores pero el lenguaje del teatro musical, todavía no lo dominamos. Creo que hay que aprender de los que saben y felicito a Alejandro Gou por hacerlo posible.