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El maestro, constructor social | Francisco Fonseca N.

  • Francisco Fonseca

Una gran cantidad de los problemas que padecen las sociedades contemporáneas en Occidente se debe a la falta de una adecuada educación, de una correcta orientación, y de una justa preparación magisterial. El maestro es luz y guía del estudiante, es parte formadora después de la familia, y es influencia positiva o perniciosa del futuro ciudadano.

La Reforma Educativa puesta en marcha en 2013 ha dejado ver ya su incipiente crecimiento, que hasta hoy es eso, incipiente. Pero es una semilla que tardará varios lustros en dar flores y frutos.

La enseñanza es una de las tareas más difíciles de cumplir. Satisfacer constantemente decenas o cientos de inquietudes y prepararse para transmitir en forma adecuada los conocimientos, llevan al maestro a dedicar a estas cuestiones gran parte de su tiempo fuera de las aulas. Al maestro no se le ubica socialmente en el peldaño que le corresponde; es sujeto de honores y menciones, pero las más de las veces se le vitupera, se le subestima y no se le toma en cuenta.

Cuando los maestros empiezan a ejercer su carrera, el divorcio entre lo que aprendieron y las realidades que encuentran suele producir en ellos un fuerte impacto. Teniendo que enfrentarse cada día con niños y adolescentes hostiles, que regatean sin tregua por conseguir siempre un poco más de autonomía, hay que preguntarse cómo es posible que alguno siquiera desee continuar.

La carrera docente dista mucho de ser una de las más seleccionadas para una profesión. Debido a las pocas investigaciones al respecto, lo único que puedo hacer es especular, pero es probable que la razón de que muchas personas se hallen practicando la enseñanza sea porque antes fracasaron en su carrera preferida. Es posible también que algunos se entreguen a la enseñanza y continúen en ella aún a disgusto porque esa ocupación les permite otras actividades. Un maestro casado puede sentir la necesidad, debido a lo escaso de su sueldo, de tomar a su cargo clases nocturnas de adultos, y este otro trabajo, compatible con el horario escolar, puede resultarle tan compensador que decida continuar con la enseñanza. En el seno de la comunidad, la enseñanza parece retener algunos de los aspectos más desagradables de toda profesión. Se maneja mucho el concepto de que los maestros tienen que ser modelos de buena conducta para los jóvenes, aún los adultos se sienten cohibidos delante de un maestro. La gente se opone a que los profesores tengan mejores salarios, porque dice que viven del erario, es decir, se espera que sirvan gustosamente a la comunidad, como un apostolado.

Los maestros sienten que su imagen pública no es buena y que la gente no les tiene la consideración debida, pero para muchos la enseñanza constituye un escalón en su deseo de mejorar de posición social y, en consecuencia, de ganar prestigio.

Los maestros no son profesionales en el sentido que habitualmente se da a esta palabra. No tienen clientes que los escojan o soliciten, llevados por una necesidad.

Desgraciadamente muy tarde nos damos cuenta del valor del maestro, y fuera de tiempo les agradecemos y tomamos en cuenta lo que hicieron por nosotros. Fueron formadores de una etapa muy importante de nuestra vida y debemos transitar por ella con su ejemplo.

pacofonn@yahoo.com.mx

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