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El “mal humor social”, expresado en las pasadas elecciones

  • Alejo Martínez

Alejo Martínez

Una tradición muy notable en México, pero también apreciable en muchos otros países con similitudes respecto al nuestro, radica en que debido a la detentación del poder político —que permite recurrir a estrategias de cooptación clientelista, a la utilización de recursos públicos para ganarse adeptos, a la mayor capacidad de influir sobre los medios de comunicación masiva (ahora quizá, tanto esa influencia gubernamental sobre los medios como el poder de éstos sobre la opinión pública, en decadencia), y a otras ventajas que brinda el control de los aparatos y recursos gubernamentales— existe una inclinación mayor a que el partido gobernante logre la ratificación en el poder, respecto a la tendencia de que se dé la alternancia entre partidos.

Por ello resulta de enorme importancia y llama especialmente la atención el hecho de que, en las elecciones del pasado 5 de junio, el país haya experimentado un atípico fenómeno en el cual la tendencia resultó exactamente a la inversa. Con anterioridad lo normal era que de 12 gubernaturas solo cuatro tuvieran alternancia y ocho conservaran el Gobierno, pero esta vez nos encontramos con que solo cuatro pudieron mantener el poder y que ocho tuvieron alternancia. Si bien el gran perdedor fue el PRI, ello sucedió porque de las 12 gubernaturas en juego detentaba nueve y perdió seis, pero la alianza PAN-PRD que gobernaba solo tres estados, perdió en dos: Sinaloa y Oaxaca, y solo pudieron conservar el de Puebla. El PRI, de los nueve, apenas conservó tres: Hidalgo, Tlaxcala y Zacatecas.

Podríamos agregar que el gobernante PRD en el exDF también se vio muy mal frente al opositor Morena. El partido del Sol Azteca, poco antes de los comicios, desplegó enormes esfuerzos para conquistar electores; entre ellos estuvo el condonar los adeudos de agua en 217 colonias de 15 delegaciones, excluida la panista Benito Juárez. De acuerdo con un muestreo que levantó un diario de circulación nacional en 29 de esas 217 colonias beneficiadas, se constató que Morena fue el partido vencedor, con algunos matices. Condonaciones de adeudos, repartos de tinacos, despensas y otros bienes no logran ya contrarrestar en múltiples casos el notable desgaste de los partidos gobernantes.

En estas circunstancias no puede uno dejar de pensar que este radical cambio en las tendencias otrora prevalecientes, está estrechamente conectado con lo que el propio presidente EPN declaró al inaugurar en Guadalajara el “Tianguis Turístico 2016”, y que ha alcanzado especial resonancia por su actual apego a la realidad: “no hay buen humor, el ánimo está caído, hay mal ambiente, un mal humor social”. En efecto, aquí sostendríamos que prevalece un pésimo humor social, que busca desquitarse por el o los aspectos en los cuales cada una de las diversas partes de la sociedad se siente agraviada, y que ello tiene raíces profundas que resultan todavía muy difíciles de precisar. El blanco del desquite son por lo general los gobiernos y todo indica que lo que antes era ventaja se les ha convertido en desventaja.

Una explicación parcial pero de gran relevancia la podemos encontrar en un libro del connotado politólogo, Edward L. Gibson, que tiene como subtítulo “Autoritarismo Subnacional en Democracias Federales”. Se trata de un estudio donde se plantean elementos comparativos entre los antiguos estados sureños de EUA, Argentina y México y se observa que en el proceso de democratización del Estado nacional, surge una contradictoria dicotomía ya que convive estrechamente con entidades federativas que permanecen en atraso político.

En este espacio se ha expuesto en algunos artículos una perspectiva un tanto diferente a la de Gibons, pero también con notables coincidencias, al sostener que en México hemos transitado de un sistema presidencialista, caracterizado por un Ejecutivo detentando enormes poderes megaconstitucionales, y que cuando éstos por fin se difuminaron, en lugar de acceder a un sistema presidencial ortodoxo y equilibrado, hemos desembocado en un sistema “feuderalista”, en el cual los estados han venido asumiendo mayor poder tanto político como económico, pero lo han ejercido de forma arbitraria y corrupta. Ojalá que con esta elección se comiencen a pagar muchas cuentas pendientes, que nos conduzcan por un urgente proceso de maduración política estatal.

amartinezv@derecho.unam.mx
@AlejoMVendrell

Gibson: su tesis del divorcio entre el avance del desarrollo democrático nacional y el atraso del estatal.