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El mundo de los migrantes

  • Rosamaría Villarello

  • Rosamaría Villarello Reza

Las migraciones son uno de los atributos más característicos del siglo XX y XXI por variadas razones insertadas en el fenómeno de la mundialización acelerada en este período y por los numerosos conflictos mundiales, regionales y locales que han tenido lugar.

Las comunicaciones, los transportes, el comercio y en general todos los servicios, han facilitado los movimientos de personas de un lugar a otro, no siempre con la perspectiva de mejorar sus condiciones sino por algo casi elemental de todo ser humano: la conservación de la vida.

Muchos caminos han emprendido todos aquellos que, al sentirse amenazados, cambian de lugar y son más proclives a emigrar por cuestiones de trabajo, educación o placer. Los hay -son la mayoría- que al salir de su entorno hasta el más próximo, ya no quieren regresar por los mismos o similares motivos por los que salieron.

Las barreras, muros y fronteras naturales y artificiales no han impedido que algo que es inherente a las personas, sobre todo en edad económicamente activa, incluyendo a los infantes, sirvan para detener a individuos, grupos y hasta pueblos enteros, en un éxodo interminable. Otras, en el pasado, se han asentado en territorios que han exigido como suyos por razones políticas y hasta religiosas, con la consecuencia de los innumerables conflictos en las zonas. Largo sería enumerar y hasta ejemplificar los cientos y hasta miles de casos que se ubican en todas las circunstancias anteriores.

En pocas palabras, es la historia de la humanidad entera. Por eso no son extrañas las mezclas de razas, creencias y costumbres que nos acercan a todos y a la vez nos dividen. Pero no por estas circunstancias las diversas migraciones o sus formas son aceptadas; por el contrario. Siempre se ha buscado impedirlas por cuestiones económicas y sociales, principalmente. De ahí que se hayan levantado fortalezas que frenan el paso de los “indeseables”, porque además, los de adentro, las perciben como una amenaza a su estabilidad y tranquilidad en muchas ocasiones con toda justificación. Lo que sucede en el Mediterráneo,es una lamentable muestra de los graves problemas que ocasionan las migraciones, pero hay otros lugares que no damos crédito o ignoramos lo que está pasando, como es el caso de los indígenas que viven confinados en tierras de Australia.

El mundo está hecho de cercas hasta para separarnos de nuestros vecinos. Las sociedades territoriales y abiertas y la propiedad colectiva han dejado de existir desde hace mucho tiempo, con la diferencia que en nuestros días las barreras cada vez se multiplican y crecen en tamaño y tecnología. Las migraciones nunca se van a detener y si queremos insertarnos en niveles civilizatorios que por otro lado se han ido abandonando, es tiempo de replantearlas como un fenómeno global y propiciar que los muros sean vistos como oportunidades para abrir otras puertas. El mundo no se va a detener por ellos. Los Estados tienen la obligación de atenderlos y de instrumentar políticas y los gobiernos de llevarlas a cabo con todo el respeto a los derechos humanos. Es la mínima exigencia.