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El muro ignominioso y la dignidad de México

  • Mireille Roccatti

«populusiubet»

  • Mireille Roccatti

El Presidente electo de los Estados Unidos reiteró una vez más su necedad de construir un muro en la frontera con nuestro país. Esta decisión que formó parte importante de su mensaje discursivo en la campaña electoral, y se coreaba en sus cantos de campaña, se ha teñido de simbolismo para con el sector más racista y reaccionario de los estadunidenses. Ante la complejidad de su cumplimiento, el próximo ocupante de la Casa Blanca ha anunciado que lo construirá con fondo federales y luego habrá de cobrarnos la factura, incluyendo el tema en la renegociación del TLC.

Esta política agresiva a la convivencia entre nuestros países no es inédita y baste recordar a los desmemoriados tres mil kilómetros de frontera; tenemos ya construidos físicamente mil y existe un muro virtual vigilado electrónicamente con sensores, drones y otros artilugios electrónicos para detectar el ingreso de personas, animales o maquinas al territorio estadunidense.

Y esa construcción, y esos controles, no fueron capaces de detener, ni el flujo migratorio, ni de drogas del sur al norte, ni de dinero y armas del norte al sur. Actualmente, por ejemplo, los migrantes mexicanos y de otras latitudes cruzan con visas de visitantes por tierra, aire y mar, y ya ni se mojan en el rio Bravo o arriesgan su vida intentando su internamiento por el desierto. Esto es, resultará, totalmente inoperante e inútil, pero su construcción tiene un simbolismo.

La pregunta sería si ese muro constituirá un encierro para ellos mismos, que solo los aislará del resto del mundo. Adicionalmente de que constituye un gasto publico innecesario, ineficiente e inútil. Eso de inicio, porque su erección violenta regulaciones internacionales medioambientales, de protección de flujos migratorios y principalmente de derechos humanos. Aunque sabemos que a nuestros vecinos, eso suele importarles poco.

El empecinamiento por erigirlo evidencia también su poca comprensión histórica, desde luego de su propio pasado inmediato con el muro parcial que referimos, pero no entiende la construcción de muro, por miedos, resguardarse o protegerse de reales o supuestos enemigos, nunca han funcionado.

La muralla china, para defenderse de los asedios de los mongoles, de poco sirvió. El muro de Adriano, construido por los romanos en Inglaterra, tampoco. La línea Maginot de los franceses contra los ejércitos alemanes no los detuvo. El muro de Berlín, menos. La cerca de alambres de púas, de los israelitas para contener a los palestinos, fracasó. Las muy recientes alambradas para detener el ingreso a Europa de flujos de migrantes, tampoco sirvieron.

La respuesta de nuestro país: debe mantenerse con firmeza. Para México y los mexicanos constituye un atropello a su dignidad. Y desde luego, no pagaremos, ni un ladrillo, ni un tabique ni ningún albañil. Sin rasgarnos las vestiduras, sin patrioterismo, sin exhumar el rencor colectivo antiyanqui, nuestra posición debe ser de rechazo absoluto. El tema debiera elevarse diplomáticamente a los organismos multilaterales.

Extrañamos la falta de solidaridad de los países hermanos de Latinoamérica, pero hoy cosechamos la errática diplomacia que abandonando nuestros principios y valores nos alejó de ellos, y el actual régimen aún no ha terminado de revertir.

Finalmente, resulta desesperanzador que nuevamente en momentos cruciales para nuestro devenir histórico estemos enfrentados, confrontados y peleando entre nosotros, sin estar unidos para enfrentar esta amenaza del exterior. Sin que ello signifique que nadie renuncie a defender sus principios y valores político-ideológicos.

«El pueblo ordena»