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El naranja, sin cambio, solo encubre la violencia / Un cuarto propio / Lucía Raphael

  • Lucía Raphael

Veo “La Guerra de Manuela Yankovich” de la cineasta uruguaya-mexicana Diana Cardozo, una extraordinaria película que entiende distintos niveles de la realidad en los que conecta empática con temas como la migración, la exclusión, la pobreza, la violencia contra las mujeres. Manuela es una mujer de origen serbio que vive con su abuela en una vecindad y trabaja como cocinera en una fonda de mala muerte en el Centro de la ciudad de México. En una de las escenas más confrontadoras un propietario ignorante y racista, encuentra divertido humillar a la mujer por su gran nariz, una noche cuando el alcohol ha corrido entre sus comensales, ella se dispone a salir porque su labor ha terminado; él, etílico, la atrapa y la sostiene con fuerza entre su cuerpo y el de otro de sus invitados. El patrón estruja el cuerpo y las mejillas de la cocinera; forzándola a ser su arlequín desvalido, mientras la sostiene,  extiende el dedo meñique midiendo el largo de su nariz. Veo esta pieza conmovedora y universal en compañía de dos queridas feministas, una de ellas, lleva ya 40 años en la lucha, ha pasado por todo, y cuando digo por todo es TODO. En determinado momento, no sé todavía que tan consciente fue de su expresión, casi un gemido de dolor dice en voz alta ¡Por Dios Lucía! ¡Ya no aguanto más! La escena es extraordinariamente interpretada por Karina Gidy, y la angustia que produce en quien la observa es profunda. No dejó de impresionarme la expresión de una activista que lleva las tres cuartas partes de su vida luchando contra la violencia contras las mujeres, una pensaría que a golpe de trabajar en estos temas todos los días -no solo los 25 de cada mes, no solo en conmemoración de las admiradas y entrañables hermanas Mirabal- terminaríamos por acostumbrarnos. Mujeres como mi colega, como Patria, María Teresa y Minerva, quienes terminaron por perder la vida de tantas formas, luchando por los derechos de las mujeres, contra la violencia del sistema, de la cultura, no necesitan de una mascada naranja, ellas son la lucha, ellas exponen la realidad terrible de la historia de las mujeres diariamente, en todo el mundo, en donde el carácter dominante y patriarcal de la sociedad, justifica, alienta, encubre, repite y subraya cada día esta violencia invisibilizada que el color naranja o el púrpura de los eventos simbólicos detrás de una campaña, no logran evidenciar. A veces, lo que ocurre entre festejos e iluminaciones, lo que se logra es banalizar lo que ocurre, tranquilizar las consciencias, permitiéndoles evadirse de un verdadero cuestionamiento, del verdadero drama detrás de ese moño naranja…

Hace unos meses en una plática a funcionarios ante la pregunta de uno de ellos de ¿Por qué no logramos cambiar las cosas? con tan extraordinarias convenciones para la eliminación de la violencia, con tantas leyes llenas de buenas intenciones, con tantas campañas de buena voluntad… ¿Por qué las cosas no han cambiado? ¿Porque la violencia no decrece sino que parece aumentar?, Ayer a la salida de una conferencia una colega explicaba que, en México, del 2014 al 2015 cada día han muerto en todo el territorio un estimado de entre 6 y 7 mujeres. 35 por ciento de mujeres y niñas en el mundo sufren violencia física o sexual a lo largo de su vida, 133 millones de niñas y mujeres han sufrido alguna forma de mutilación genital en los 29 países de África y Oriente Medio. Más de 700 millones de mujeres se casaron cuando eran niñas y no pudieron terminar su educación. ¿Cuáles son los motivos?

La respuesta puede, la expone el Feminismo, porque desde sus orígenes demostrar que es un asunto cultural y social y sobre todo humano. Las feministas como mi amiga, han trabajado por mostrar cómo los derechos humanos no se aplican de manera igualitaria, y cómo los avances y la evolución que pretende definir el humanismo, solo considera un paradigma masculino específico, cuya percepción de absoluto genera todas las desigualdades, las discriminaciones y por ende, las violencias. Les recordé la película alemana “El Experimento”, de Oliver Hirschbiegel basada en el ensayo experimental realizado en 1963 por Stanley Milgram, psicólogo, intitulado “Behavorial Study of Obedience” (Estudio del comportamiento de la obediencia). En el libro que presenta sus conclusiones analiza el comportamiento de sujetos aleatoriamente escogidos con respecto a situaciones en las que se les ordena causar daño a otra persona. Los resultados fueron escalofriantes, llegando en algunos casos al 93 por ciento los sujetos capaces de infligir el nivel máximo de dolor aún a sabiendas de que podían causar la muerte del receptor de las descargas.

Lo que Milgram prueba es que cualquier persona puede llegar a cometer actos tan aterradores como el más terrible de los nazis, lo que las feministas hemos tratado de exponer es  esto, y que en el caso de las mujeres suele traducirse en esta violencia terrible a la cual culturalmente pareciéramos habernos acostumbrado. “No hemos cambiado las cosas -le respondí al funcionario- porque no queremos, porque nos quedamos en lo simbólico y nos peleamos con lo que nos enfrenta con nuestra propia violencia interna, porque desarticular el sistema de privilegios implica que quienes se beneficien de ellos acepten dejar de hacerlo. Porque preferimos seguir electrocutando ‘a la otra’ mientras llevamos encima una mascada o una corbata naranja.” El gemido de dolor de mi amiga ante  esa escena angustiante, es frente a esta decisión consciente e inconsciente de no querer cambiar las cosas, y de hecho permitir que se agudice la violencia. Por eso es más fácil llamar “feminazi” a una feminista que pide igualdad así sea sustantiva, que reconocer el carácter real de nazi que tiene la manera en que somos capaces de destruir al otro, a la otra, mientras seguimos las pautas de esta cultura nuestra hecha para la eliminación. Nuestro planteamiento va en el sentido de la urgencia de relacionarnos de otra forma mujeres, hombres y diversidades todas.

*Escritora e investigadora IIJ UNAM.

learapha@gmail.com

@LUCIA RAPHAEL11