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El neopopulismo

  • Jorge Sánchez Tello

La democracia que vivimos no es mérito de una sola persona o de un solo grupo, es el resultado de la profunda convicción de la inmensa mayoría de los mexicanos. Es el resultado de grandes ideales, largas luchas, difíciles y delicados consensos, de ahí que sea responsabilidad de todos apreciar, practicar, cuidar y fortalecer nuestra democracia. México celebra un año más de su independencia, pero existe un importante riesgo de que en nuestro país se repitan fenómenos populistas como en otros países de América Latina, cuidado.

El populismo como una estrategia política encaminada a competir por y ejercer el poder. Su éxito dependería de la capacidad del líder para movilizar a amplios segmentos de la población y de esa manera legitimar o promover su proyecto político. Tener una personalidad carismática, utilizar una retórica antielitista (contraria al status quo), entablar conexiones directas con el electorado a través de la apelación a la cultura popular y la creación de vínculos emocionales, formarían parte del grupo de herramientas a disposición del líder populista en su camino al poder.

Existen dos tipos distintos de neopopulismo, el neoliberal de la década de 1990 con los gobiernos de Fujimori, Menem y Bucaram, y el populismo radical la década de 2000 en donde se encontrarían Chávez, Correa y Morales. Estos últimos se asemejan más en estilo y políticas al populismo clásico de mediados de siglo.

El líder populista moviliza la acción política de las masas y establece una conexión directa, casi mística con “su pueblo”. Su discurso le permite conseguir el favor de los electores, conquistar votos y ganar elecciones, pues su carisma y dotes personales lo hacen ver un “súper hombre” con poderes especiales, el “salvador” amado por el pueblo, y con capacidades excepcionales para restituir el orden o resolver las problemáticas que afronta su sociedad. Estas figuras inspiran confianza y autoridad entre las masas populares para emprender las transformaciones que los países necesitan.

Un ejemplo palpable es el de Evo Morales, quien a partir de un discurso y una acción política basada en la identidad y dignidad de la nación indígena y la defensa de los recursos naturales del país, logra movilizar a una población antes ignorada por la clase política tradicional, lo que ocasiona una situación inmanejable e insostenible para el presidente Gonzalo Sánchez de Lozada, que al final tuvo que renunciar a su cargo, dejando expedito el camino para que un líder neopopulista como Evo Morales, lograra movilizar y aglutinar, en torno a su propuesta, un gran movimiento social que, a la postre, lo condujo a la Presidencia de la república en diciembre del 2005.

Ya en el poder, Evo Morales desarrolla una política económica estatal y proteccionista, que consiste en nacionalizar los grandes recursos energéticos del país, desconociendo los contratos de explotación firmados con compañías internacionales. Asimismo, adopta un discurso político contra las élites bolivianas y el imperialismo norteamericano, y al igual que los neopopulistas de la región, Morales quiere obtener su reelección de forma inmediata, reformar la Constitución con fines personalistas, y fortalecer el Ejecutivo en detrimento de las demás ramas del poder.

Los neopopulistas direccionan su proyecto político manipulando las propias reglas de la democracia liberal, incumpliendo las promesas hechas a los votantes y poniendo en riesgo algunos derechos de los ciudadanos.
*Economista e investigador asociado de la FUNDEF

www.fundef.org.mx

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Twitter: @jorgeteilus