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El nido

  • Pasos de Diamantina: Lorena Avelar

Siempre he soñado con formar un nido, donde amanecer temprano y contemplar los plumones de rocío, el despertar despacio compartiendo la almohada con el hombre que me regale el destino.

Un nido cálido, hilvanado con hilos dorados que se cuelan por las gasas que visten las vidrieras empañadas por el vaho que genera el calor y el frío, oler los mantos de rosas y jazmines impregnados de fragancias y, atesorar las raíces de mi infancia.

El nido construido sobre sábanas blancas, vallado con paredes vírgenes y albas, lacradas con tintas indelebles para que nunca se borren las marcas y el portal siempre abierto de par en par, para tener la certeza del retorno, por si algún día, me voy o te marchas.

El nido con cimientos firmes y sin mácula, con los pisos brillantes que reconozcan las huellas de las plantas, y las maderas lustrosas, y el menaje inscrito con las iniciales de los nombres y el alma.

El nido que quiero es un hogar no una casa, un espacio donde reconstruir mi vida desecha por insípidas caricias vanas, renovar las miserias, abonar los jardines y quemar leña nueva en la hoguera que funde los cuerpos hasta convertirlos en una sola carne y substancia. Un nido donde no exista la envidia ni la rabia, aparezca la luna plateada enmarcada en nuestra mirada, y saber que el amor es lo único que existe por encima de todas las cosas y todas las galaxias, un nido que sigo con Pasos de diamantina con la confianza que lo tendré mañana.