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El observador parlamentario

  • Antonio Tenorio Adame

La Segunda vuelta solo arroja mayorías ficticias

Improvisarla corre el riesgo de “fortalecer cacicazgos”

La propuesta de la Segunda vuelta electoral deja la sensación de promover las alianzas de los partidos

El presidente de la Comisión Permanente, el senador Pablo Escudero, en coincidencia con el senador Emilio Gamboa, declaró que las 10 iniciativas presentadas en la LXIII Legislatura para la Segunda vuelta, se han vuelto improcedentes a partir del 31 de mayo, fecha en que se venció el término para su dictamen y aprobación. Además el también presidente del Senado ha enfatizado en su rechazo por falta de tiempo, son inviables por consideraciones jurídicas, procesales, y de logística.

En el Partido Acción Nacional, se escuchan voces divididas, el dirigente del partido Ricardo Anaya, la estima incorrecta y dirigida, mientras que principal promotor del proyecto de reforma, en voz del coordinador de los senadores, Fernando Herrera, señaló que si hay voluntad política en un mes es posible alcanzar una reforma que diera gobernabilidad y legitimidad a una Presidencia que hoy solo se sustenta en el 20 por ciento del padrón electoral.

El vicecoordinador del Partido del Trabajo, el senador Miguel Barbosa, muestra categóricamente su oposición a legislar en esta materia, porque sería tanto como someter a López Obrador, a un segundo
desafuero.

El senador Escudero advierte riesgos sobre el simplismo para valorar el proceso legislativo, porque se requiere modificar cuatro leyes generales: la de Instituciones y Procedimientos Electorales, la de Partidos Políticos, la del Sistema de Medios de Impugnación en Materia Electoral, así como  el Reglamento de Elecciones, y el Reglamento de Fiscalización, toda vez que también se requiere ampliar el periodo de vigilancia de las urnas por el Ejército en 35 días más, una situación complicada, más allá de solo aprobar una reforma.

Es comprensible la demanda del partido azul debido a que no se siente seguro de alcanzar por sí solo una mayoría para asegurar la Presidencia del gobierno, solo con una alianza derrotaría al PRI, o a Morena. Al menos es el escenario que deja vislumbrar, en su debilidad que además comparte con los otros dos organismos partidistas con mayor importancia.

Luego, el tema esencial no es la segunda vuelta, sino las alianzas previas o de gobierno de coalición. En el sistema de mayoría simple se enmarca la posibilidad de aliarse, solo que en este caso se elige una coalición y en la segunda vuelta se excluye a un partido o sea en uno el voto es a  favor de una fuerza electoral y en el otro es en contra, además que las mayorías de las urnas son efímeras y ficticias, aunque votan unidas no se consolidan sino se disuelven.

DE OTRA POLÍTICA, en resumen, la segunda vuelta electoral es solo una forma diferente de hacer política, de formar gobierno, ahora se insiste en aplicarla como un recurso coyuntural y no de mejorar la participación democrática, se teme la polarización del electorado y su posible movilización. En la opinión del jurista Diego Valadés, (Reforma 5, V, 2017) hay quienes consideran que no se requiere una reforma constitucional ya que el artículo 81 de la Carta Magna, dispone: “la elección del Presidente será directa y en los términos que disponga la ley electoral”, es así que basta con modificar dicha Ley. Pero esto no evita que los requisitos reglamentarios fijen términos para su cumplimiento, como el de otorgar 90 días de campaña, la regulación de los recursos financieros y tiempos asignados a los partidos en los medios electrónicos.

Especial atención merece la publicación de las Leyes Electorales que deben darse a conocer 90 días antes de que las autoridades anuncien el inicio del año electoral.

Los señalamientos del doctor Valadés muestran la urdimbre complicada de echar a andar el mecanismo propuesto, incluso porque estas reformas se extenderán a las elecciones locales de gobernadores y municipales. En caso de caer en improvisaciones y vacíos institucionales se dará mayor poder a los cotos caciquiles y el autoritarismo local.

No es tan simple como piensan en el PAN.