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El observador parlamentario

  • Antonio Tenorio Adame

  • ¿La reforma de estatutos PRI con dedicatoria a Meade?

Los cambios en los partidos políticos afectan directamente al Congreso, para bien o para mal. Su  unidad orgánica es dinámica porque se sujeta a la acción, en tanto que sus decisiones se apoyan en la disciplina antes que en la democracia porque enfrentan el dilema de ganar o perder el poder.

El presidente de la República, Enrique Peña Nieto, invocó a la “fortuna” en ocasión de su cumpleaños. Al respecto, los emperadores romanos guardaban en sus alcobas una efigie de  la “Diosa Fortuna”, solo transferían ya en estado agónico al  siguiente emperador que designaban. ¿Cuál ha sido entonces el inició de  la agonía presidencial en manos del PRI?

La celebración de la XII Asamblea Nacional del PRI lanza el mensaje de un primer cambio en la nominación del candidato presidencial, sus antecedentes indican que la liturgia del “tapadísimo” o “dedazo”, requieren cambios.

Los líderes camerales del PRI, el senador Emilio Gamboa Patrón y el  diputado César Camacho Quiroz, reaccionaron ante la exigencia de  suprimir los legisladores “chapulines” que brincan de una Cámara a otra entre un periodo y otro, porque hasta ahora  los liderazgos legislativos exigen de representantes con experiencia de una o más legislaturas. También, la instalación de las Legislaturas dispone como requisito previo a la toma de protesta que se integre la Mesa de decanos, con los legisladores de mayor experiencia de todos los partidos.  Aún la reforma de la reelección es un medio de mantener la inmovilidad del cargo sin abrir espacios a otras participaciones.

Por otra parte en el PRD se reclama que la Presidencia del Comité Ejecutivo Nacional sea incompatible con el ejercicio de un cargo legislativo. El fallo del INE que le impone definirse por solo uno de los cargos.

En el primer caso se choca con la especialización de la carrera legislativa, en el segundo es contrario a la forma del parlamentarismo, donde el líder llega a ser Jefe de gobierno o Primer Ministro.

LA TRANSFORMACIÓN DEL PRI es obligada, debe ser “cuidadosa” refiere el especialista German Pérez Fernández, ahora es consciente de ser vulnerable para abandonar su ostentación de “invencible”; por otro lado se encuentra envuelto en “escándalos de corrupción, la negociación del Tratado de Libre Comercio y con una fuerte caída en el número de sus adeptos”.

Asumir los riesgos y ser cuidadoso significa lo sitúa en el dilema entre la lealtad y la necesidad de competitividad. El candado de los Reglamentos que exige diez años de militancia a quien aspire ser candidato a la Presidencia de la República se originó como un rechazo a tecnócratas  sin vínculos con el partido, esa restricción reduce las opciones de otros aspirantes con mayores posibilidades entre el electorado. Por otro lado, la permanencia crónica no garantiza mayores virtudes que la inmovilidad basada en la conformidad.

Dos afirmaciones se desprenden de los cambios en la formalidad de designar candidato presidencial, se adelantan las liturgias iniciadas anteriormente el 4 de octubre y  el candidato saldrá del gabinete,  por lo que la reforma a los estatutos para romper el candado de una militancia de diez  años favorece en primer grado a los secretarios de Hacienda, José Antonio Meade,  y al de Salubridad, José Narro Robles, como personajes más cercanos a la imagen ciudadana activa que a la de una militancia rígida e inflexible.

Pero son los militantes del PRI, sus organismos y líder presidencial, quienes  tomarán  la decisión definitiva.

LA FRACCIÓN TRADICIONAL DEL PRI, encabezada por Ivonne Ortega es posible que busque otros derroteros sino consigue un reconocimiento y compensación a su reclamo de congruencia entre la lealtad al partido de una militancia probada. No sería apropiado que se repitiera el “Caballo de Troya” con el que Jorge de la Vega Domínguez tratara a la Corriente Democrática de Cuauhtémoc Cárdenas en 1988.

Con la disidencia opositora floreció el pluralismo democrático y el Congreso se integró con tres partidos de mayoría. El siguiente paso fue la alternancia en el Poder Ejecutivo, Se trata de una democracia gradual  principalmente electoral, más que participativa e igualitaria.