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El Observador Parlamentario

  • Antonio Tenorio Adame

  • Antonio Tenorio Adame
  • Peña Nieto: ¿golpe al presidencialismo autoritario?
  • Estados cuestionados por imitar sistemas anticorrupción

El presidencialismo autoritario modificó formalmente sus rituales, Enrique Peña Nieto, al reconocer que cometió “el error de la Casa Blanca y pedir perdón a los mexicanos por el daño ocasionado a la investidura”, con su declaración dio un giro a la tradición del despotismo mexicano, aunque lo acotó a un problema de percepción por lo que se mantiene dentro de la legalidad. Por otra parte, la investidura siempre es un concepto de percepción y aceptación voluntaria.

Un hecho relevante fue la dimisión del secretario de la Función Pública, Virgilio Andrade. En paralelo se da la acción de inconstitucionalidad de los Gobiernos de Veracruz, Chihuahua y Quintana Roo cuyas iniciativas promovidas no hicieron más que imitar las del Gobierno federal que sirvió para exonerar al Presidente. Hasta ahora los Estados disponen de la facultad de elaborar sus leyes en tanto no se opongan a la Constitución federal y las leyes anticorrupción locales se promulgaron varios días antes que la Reforma Federal.

El presidente de la Cámara de Diputados, Jesús Zambrano Grijalva, ante el Ejecutivo federal pidió dar cumplimiento a la exigencia ciudadana de asumir la obligación de informar la situación patrimonial de los servidores públicos.

En el bando del Partido Acción Nación prevalece una opinión dividida, ninguna de censura pero tampoco de pleno reconocimiento personal, como ocurre con el presidente del Senado, Roberto Gil Zuarth, quien le atribuye la promulgación del Sistema Nacional Anticorrupción, “que se logró gracias a la tenacidad de la sociedad civil y legisladores, “la victoria es de todos, es un Sistema Nacional Anticorrupción, potente y robusto, que no lo tiene ni Obama”.

En la bancada blanquiazul se dieron manifestaciones de aceptación pero con regateos, el coordinador Fernando Herrera Ávila, pidió ir más allá de un simple perdón del presidente Enrique Peña para acabar con la corrupción en México.

Durante la ceremonia de promulgación de la Ley 3 de 3, el senador del PAN, Juan Romero Hicks, estimó como tardía la declaración presidencial, abundó en recomendaciones para un manejo eficaz del Sistema Nacional Anticorrupción.

En ejercicio análogo de los regímenes presidenciales debe recordarse la soberbia expresión de Gustavo Díaz Ordaz ante la XLVIII Legislatura, ante los sucesos trágicos del 68, al manifestar “asumo toda la responsabilidad”, un reto de impunidad seguro de no ser juzgado. Hasta ahora ningún presidente tuvo el valor de la autocrítica.

Cicerón recomendaba que el poder fuera prudente con autorregulación. Ahí lo esencial del avance político. Como lo reconoce adecuadamente el coordinador de los senadores del PRD, Miguel Barbosa Huerta, al calificarlo de “un hecho inédito en la política mexicana, pues nunca un presidente de la República había pedido perdón al pueblo de México”. Lo consideró también de una estrategia para diluir la percepción de corrupción del PRI a fin de revalorarlo en el 2018, el inicio de su campaña.

La diversidad de opiniones fortalece el pluralismo pero la división solo lo fragmenta. Para agotar la corrupción se deben agotar las causas que la originan, mismas que se encuentran en el poder. El Presidente en México no es responsable, confirma la Constitución (art. 108), por lo que valorar la actitud de reconocer el daño a la investidura por parte del presidente Peña Nieto ha sido un acto de valor para bien de la República.

En México ha sido más fácil asesinar, o derribar a los Presidentes que someterlos a juicio o que reconozcan sus errores.

Ahora quien sustituya al secretario de la Función Pública será ratificado por el Senado, una buena señal que abre esperanzas al equilibrio y división de poderes. Al contrapelo se dice que el acto del “perdón” corresponde a un inicio de campaña del 2018.

El dilema entre el cambio y la sospecha de la continuidad, donde se mantiene la incertidumbre. La confianza, sin embargo, es la llave de la política. Si es el inicio de una nueva era presidencial debe dar respuestas a los casos emblemáticos de Ayotzinapa, Atlatlaya donde ya se dieron renuncias, Nochix-
tlán, y aquellos donde las heridas no cierran y aún duelen.