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El Observador Parlamentario

  • Antonio Tenorio Adame

  • Antonio Tenorio Adame
  • Trump: profeta del fin del sexenio de Peña
  • El IV Informe, sepultado por campaña Republicana

 

El Congreso de la Unión declaró abierto el Primer Periodo ordinario de sesiones del Segundo año de ejercicio de la LXIII Legislatura. Este fue el acto solemne más importante de la política mexicana durante 183 años, en que el Presidente asistía a la apertura de sesiones del Congreso y leía su informe ante la representación de la nación. Ya no existe la grandeza política, solo hay añoranza y olvido, aun más con el invitado incómodo de Trump fue sepultado.

En el relevo de órganos de Gobierno se dieron cambios, en el Senado protestó como Presidente Pablo Escudero Morales, mientras en el recinto de San Lázaro lo hizo el diputado Javier Bolaños Aguilar, el primero proviene de la mayoría, del bloque PRI-Verde; mientras en el segundo la propuesta es del PAN.

La entrega por escrito del IV Informe de Gobierno carece de relevancia, como el carrusel de oradores en torno a posiciones de partidos, la invitación a Los Pinos a Donald Trump, produjo un caos político que subsume la más importante ceremonia política nacional.

El senador Pablo Escudero, presidente del Senado, estimó su aportación política al calificar a la Cámara como “un motor de cambio, impulsor de reformas y sede de definiciones de Estado. Así también considera que la agenda legislativa va ser influida por el tema electoral.

EL DEBATE EN EL SENADO, las inconformidades originadas por la visita inusual de Donald Trump, sonaron por todos los rincones del Congreso, en el Senado el PRD lo declaró “no grato” y el PAN lo consideró “indignante”; ambos dieron un debate emotivo orillado por el nacionalismo.

Ante ese reclamo surgió la réplica, también declarativa, de la mayoría oficial: el presidente del Senado, Escudero Morales admitió como “sano y correcto se le invite porque este tipo de reuniones pueden sensibilizar a los candidatos a la Presidencia de Estados Unidos. Mientras el coordinador de la bancada tricolor, Emilio Gamboa consideró que el Presidente, “hizo lo correcto al invitar a candidatos, porque como Jefe de Estado está obligado a dialogar y tener una relación seria y respetuosa con ambos personajes”.

LOS COSTOS DE LA INVITACIÓN, el presidente Enrique Peña Nieto asumió todos los riesgos al invitar a los dos candidatos a la Presidencia de Estados Unidos, Trump y Clinton, frente al primero se argumentó pero no polemizó. Fue un desencuentro, entre la investidura de la nación y un aspirante presidencial cuya proclividad ha sido antagónica al interés de México, su postura de insultos discriminatorios no es admisible.

Peña Nieto buscó exhibir razones y como auto justificación habló de “proteger a los mexicanos, abogar por sus derechos, defender su vida y su dignidad en donde quiera que estén”. Sin capacidad polemista, el presidente Peña negó contundente pagar el muro, aunque al negar afirma, dio su aceptación, lo consintió, dejando mostrar su debilidad. Defendió a los migrantes en el sentimiento, sin fincar responsabilidades de lesa humanidad, tampoco protegió a su población en su momento de otorgarle oportunidades laborales. No supo reclamar ofensas, ni defender con dignidad la nacionalidad mexicana, solo esgrimió argumentos a favor de los México americanos, con o sin papeles, quienes tienen derechos adquiridos en la Unión Americana.

La conferencia de prensa en Los Pinos, dio lugar a considerar a México como un protectorado, ¿Puerto Rico?, o una estrella más de la bandera de las barras y la estrella, Hawái, quizás, no como una nación soberana cuyo designo lo deciden los mexicanos. ¿se convirtió en acto de campaña avalado por Peña Nieto?

Acaso se ignora que las campañas electorales de Monroe, y Polk fueron siempre contra los mexicanos, con ellas ganaron el ascenso al poder. Hoy se revive el odio a la nación, pero no se explica cómo se deterioró su identidad ni se define la responsabilidad de procesos plegados a la carreta yanqui, bajo predominio del dominio territorial y ventajas geoestratégicas, si ayer fue la disputa de la mitad del territorio, ahora la población migrante es culpabilizada de los problemas de Estados Unidos. En el fondo es una disputa por el derecho al libre tránsito y el acceso a ocupar un sitio en la tierra, derechos humanos plenos.

El gran problema no es solo migratorio o de comercio y tratados, sino que envuelve una gran crisis humanitaria, a la vez que la nación se desintegra. Es necesario reconstruirla.