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El Observador Parlamentario

  • Antonio Tenorio Adame

– Shakespeare en el Congreso y el periodo extraordinario

– PRD: Postulación Mancera frena independiente

La evanescente convocatoria del periodo extraordinario diluye su posibilidad de ser. El dilema del Congreso evoca la memoria de Shakespeare en su cuarto centenario, “ser o no ser”.

Ante la posible falta de periodo extraordinario, se vaticinan nuevos temas en la agenda del Congreso y de los partidos políticos. Se vencen términos de aprobación legislativa en el Sistema Nacional Anticorrupción (28 de mayo) y dos leyes indispensables en la aplicación del Sistema Nacional de Ejecución Penal (18 de junio), tampoco se llevará a cabo la sesión de procedencia del juicio político de la diputada del Congreso de Sinaloa, Lucero Guadalupe Sánchez, quien fue encontrada responsable de faltas ilícitas administrativas, como ya lo advierte el diputado César Camacho (Financiero 16.05.2016).

El senador Miguel Barbosa, coordinador del PRD, promueve en la Permanente una urgente resolución para la convocatoria al extraordinario, se infiere la inseguridad de su realización, a la vez, se rechaza llegue a realizarse después de las elecciones.

En el ámbito de la mayoría oficial, el presidente de la Junta de Coordinación Política, senador Emilio Gamboa Patrón, sustituye el vacío del proceso legislativo con la exhibición de logros de Gobierno, a la vez confiere que la Comisión que preside el senador Pablo Escudero están listos y las 30 posibles modificaciones que presentaron las bancadas del PAN y PRD, se debatirán en el pleno. Consideró que faltan dos: Ley Orgánica de la Procuraduría General de la República y modificaciones al Código Penal que se encuentran en las Comisiones de Justicia y Estudios Legislativos.

El coordinador de los senadores del PRD, Miguel Barbosa Huerta, acompañado del senador, Armando Ríos Piter, se pronunciaron a favor de la candidatura del jefe de Gobierno de la Ciudad de México, Miguel Ángel Mancera. El pronunciamiento despertó sorpresas y no pocas muestras de duda, sin embargo, los tiempos y circunstancias lo requieren. Por una parte, el avance de Morena en la elección del 5 de junio lleva la señal de sepultura a los amarrillos, se ve acompañada del pronunciamiento del presidente del PRD, Agustín Basave, quien se inclinaba ya a una propuesta ciudadana en alianza con el PAN; son las fechas impostergables para una definición extrema. No hay candidatos buenos o malos, al inicio de campaña, solo estrategias por definirlos.

Se cae en el limbo del incumplimiento y de la inconstitucionalidad, la nación sigue su marcha como de costumbre, ficción y drama.

La “nación ficción” basada en las seis reformas del Sistema Nacional Anticorrupción, lo que debe considerarse como un complemento sustancial al control político del gasto público por parte del Congreso, con el añadido de participación del interés social comprometido en la auditoria social, No se agota ahí la corrupción y menos en un país en “guerra” difusa como sufre el país. Aún no se toca la “élite negra de los offshore” de los paraísos fiscales, ni menos aún los efectos nocivos de los corporativos mundiales, como el Banco Mundial, o el Fondo Monetario Internacional, bañados por corruptelas.

Existe una cierta equivalencia entre la “honestidad valiente” de AMLO y la iniciativa ciudadana de 3 de 3, ambas son hijas de la desconfianza, atacan la privacidad en la revelación de datos que propician la inseguridad y la falta de correspondencia con los requerimientos de la constitución a los funcionarios públicos sujetos a responsabilidad (108 a 112 constitución).

De las experiencias derivadas de la crisis política que vive el Brasil, destaca el alineamiento a un perfil de democracia con diseño imperial que propicia la vulnerabilidad y potencial injerencia de los Gobiernos de la región. La lucha anticorrupción contiene el riesgo de incubar el “huevo de la serpiente” del intervencionismo moderno donde los corporativos trasnacionales que dominan el mercado y el orden político disponen de un mecanismo de injerencia -a veces llamada humanitaria- de suerte que sin auxilio de la fuerza desplazan los Gobiernos no adictos a su diseño “democrático”. Brasil es un ejemplo.