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El Observador Parlamentario

  • Antonio Tenorio Adame

  • Antonio Tenorio Adame
  • Presidente: “más preguntas que respuestas”
  • El Congreso, espacio de diálogo para el Acuerdo

Al Congreso de la Unión le aguardan oportunidades relevantes en la recuperación de la confianza social perdida por el conflicto del “gasolinazo”; es el asunto dominante como enfrentamiento generalizado entre el Gobierno federal y la sociedad.

El Congreso ventila, a partir de ayer, los temas de seguridad interior, por una parte, y una Ley de Cultura por la otra.

Una propicia el marco legal del Ejército en tareas de seguridad pública y la otra debe dar sustento legal a la secretaría del ramo. Corren en paralelo el acuerdo de la Ley de Mando Único, retenida aún por los diputados y el requerimiento de abrir el espacio de diálogo a los numerosos opositores a la aplicación de aumentos a la gasolina y luz.

La Cámara de origen de la iniciativa de Seguridad Interna le corresponde a la de diputados, como todos los proyectos de ley vinculados al principio de cuota de sangre, sin embargo, se llegó al acuerdo de trabajar en conferencia de cámaras, por lo que el presidente de los diputados, Javier Bolaños, y el de los senadores, Pablo Escudero, concurrirán a presidir los trabajos legislativos para avanzar en su aprobación.

El senador Miguel Barbosa Huerta, advierte en la iniciativa de su fracción legislativa, sobre la aprobación de los operativos de las fuerzas militares en determinados lugares, en tiempos no mayores de un año, así como el regreso a sus cuarteles, con la preparación y fortalecimiento de los órganos policiales de la localidad. Es un proyecto basado en la suspensión de garantías que prevé la misma Constitución. (Art 29)

EL CONFLICTO NACIONAL DEL GASOLINAZO debe ventilarse socialmente no solo con las cúpulas empresariales y corporativos laborales oficiales como se propone en el ”Acuerdo para el fortalecimiento de la economía”; se requiere que el Congreso amplíe la consulta, como se desprende de las resistencias a su firma y acatamiento (Coparmex).

Los senadores muestran su inconformidad; el coordinador albiazul, Fernando Herrera Ávila, pide un “verdadero acuerdo”; el senador de Acción Nacional, Francisco Burquez,  considera un asunto de “cúpula”, en tanto su colegislador del PT, Mario Delgado, demanda su “cancelación”.

El presidente del Senado, Pablo Escudero Morales, en cambio plantea que el conflicto no está en los IPES, y ofrece ajustar los gastos del Senado al tiempo que demanda a sus colegas que regulen y disminuyan los vales de gasolina.

El Congreso es el espacio del diálogo para restablecer acuerdos favorables a la convivencia social.

Ante una sociedad indignada por estimarse engañada y despojada de sus recursos energéticos, con el agravante de cubrir aumentos desorbitados de sus precios, se dieron actos de vandalismo y desorden, cuyos efectos aumentaron la tensión social. Ante ese escenario el presidente Enrique Peña Nieto preguntó ¿Qué hubieran hecho ustedes?

Ante esta actitud son innumerables las respuestas que dieron informadores, articulistas, personalidades, en la que destaca la de Cuauhtémoc Cárdenas, por su emblemática representación histórica. El ejercicio es emergente e inusitado como un plebiscito necesario para encausar el bien nacional.

El recurso de la pregunta es un medio de la democracia porque se abre al diálogo y en consecuencia a la negociación, aunque en este caso sea adversa su aplicación al creer que el problema es de desinformación y no de desconfianza; su planteamiento pretende mostrar que se gobierna bien pero se comunica mal, no obstante la comunicación gubernamental se orienta a la construcción del consenso y si este no existe, es un problema político.

Ahora el presidente Peña Nieto pregunta cuándo debe contestar con hechos sobre los resultados del fracaso de un sistema que llegó a sus límites de extinción en sus dos vertientes, la del corregir las anomalías del mercado y depurar el ejercicio del poder, desconstruyendo el presidencialismo en su versión autoritaria.

El Parlamento es el espacio del diálogo, donde se pregunta al Presidente quien contesta con evidencias, no con evasivas, como ocurrió en la pasada Glosa del Informe al presentase al pleno en la sesión cuando se cerraba el periodo ordinario. Se dice que no es afecto a escuchar en tanto un año antes se atendió a 83 preguntas y en el 2016 solo dio respuesta a 38 requerimientos. Acaso ¿tiene más preguntas que respuestas?