imagotipo

El Observador Parlamentario

  • Antonio Tenorio Adame

  • Antonio Tenorio Adame
  • Conmemorar la Constitución; un debate histórico y político
  • Peña Nieto: ¿Trump sin desafíos?,  ¿honores a la Constitución?

La celebración del Centenario de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos, este 5 de febrero, trasciende su contingencia de simple efeméride para convertirse en ardiente debate de la nación. Es la reverberación de un ideal, acompañada de la aspiración de superar la realidad que agobia al país.

El presidente del Senado, Pablo Escudero Morales, uno de los más entusiastas promotores de la conmemoración constitucional, reconoció las limitaciones impuestas bajo el ajuste presupuestal en los elevados costos que obligaba la celebración del Centenario en el recinto legislativo histórico de Querétaro ahora bajo la austeridad se proyecta una sesión solemne en la sede del Senado.

El presidente Enrique Peña Nieto, como invariablemente ocurre, encabezará el acto conmemorativo de la República, el cual sucederá  acontecida ya la entreviste con el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, quien agrede con soberbia y pugnas a México, por lo que se anhela escuchar un discurso de sentido nacionalista con evocación constitucional.

La oposición en el Parlamento, y en extramuros del Congreso convocan a movilizaciones y actos discursivos donde el deslinde con el oficialismo es la revocación de las Reformas Estructurales y la derogación del “gasolinazo”

En la academia también se escuchan voces de análisis, valoración y propuesta, la Coordinación de Humanidades de la UNAM ha convocado a un coloquio de docentes, investigadores y jurisconsultos preguntan “México ¿necesita o no una nueva una Nueva Constitución?, como posibilidad de revisar el sistema en particular corregir y mejorar el Código Fundamental de la nación.

En las entidades de la Federación se repiten estos escenarios, en Morelia  Michoacán, se celebra un Foro Internacional para el examen y propuestas en torno a la Constitución de 1917, la conferencia magna corre a cargo de Cuauhtémoc Cárdenas quien propone la formación de un frente nacional de ciudadanos sin propósitos electorales a fin de revertir las reformas regresivas oficiales, así como ocupar el vacío de poder propiciado por la inmovilidad presidencial ante las agresiones provenientes del presidente Trump a México y a sus ciudadanos.

Por su parte, el Congreso Constituyente de la Ciudad de México se encuentra emplazado a concluir sus deliberaciones y promulgar la Constitución originaria para la cual fue creado el 31 de enero actual. Se escuchan algunas justificaciones en caso de no terminar su obra a tiempo, como el argumento de que fueron designados o electos para una función no para un plazo, lo que suena a disparate porque todo Congreso sea Constituyente e incluso constituido, labora bajo un término dado que sus tareas son intermitentes y no continuas.

LA CIUDAD DE MÉXICO DECEPCIONADA. Los constituyentes metropolitanos casi agotaron el tiempo para aprobar la Constitución fundacional, hace cien años en ocho semanas se discutió y aprobó la Constitución de 1917, en cambio la de la Ciudad de México, iniciada el pasado 16 de septiembre no se concluye aún, solo se han aprobado 56 artículos, se estima falta una cuarta parte más por aprobar esta semana.

La labor del Constituyente citadino bordea la decepción en una ciudad donde florece el pensamiento constitucional de mil maneras, un ejemplo lo simboliza el ensayo jurídico del colega de El Sol de México, José Luis Camacho Vargas, quien en el mes de mayo del 2016 escribió un amplio y detallado análisis  con el título de “Derecho Constitucional de la Ciudad de México”, donde incluye su Anteproyecto de Constitución de la Ciudad de México.

Es increíble que Miguel Ángel Mancera, doctor en Derecho y jefe de Gobierno, no haya sido capaz de convertir su proyecto en un punto de encuentro de la diversidad de la representación del Congreso. Al respecto el colega, Camacho Vargas, sin disponer de alicientes presupuestales, llevado solo por su servicio  de interés público, culminó su ensayo con una adenda de la “Revisión del Proyecto de Constitución de la Ciudad de México”.

Las tareas cumplidas de un ciudadano resaltan los vergonzantes rezagos, especulaciones, tropiezos y obstáculos que interfieren con la incapacidad de un Congreso Constituyente donde el ánimo personal obstruye lograr una Constitución para la ciudad.