imagotipo

El Observador Parlamentario

  • Antonio Tenorio Adame

  • Antonio Tenorio Adame
  •  Senador Barbosa; ¿albedrío, voto conciencia, indisciplina?
  • El Alzhéimer de los diputados de la historia nacional

El Senado de la República cruza por una zona de turbulencia que sacude a los legisladores; un conflicto interpartidario lleva a poner a prueba la división de poderes de la República.

La fracción del PRD se encuentra dividida por la lucha presidencial de 2018, luego que su Comité Nacional destituyera al coordinador, senador Miguel Barbosa Huerta por pronunciarse a favor de Andrés Manuel López Obrador. En sustitución del cargo se nombró a la senadora Dolores Padierna. Ambos senadores exigen el reconocimiento como propios.

El presidente de la Mesa Directiva, senador Pablo Escudero Morales, con madurez sensata de evitar un conflicto interno o choque de poderes, procedió a esperar la resolución del Tribunal Electoral del Poder Judicial Federal, a fin de evitar un desenlace adverso que cuestione la independencia del Senado, debido a que el senador impugnado se inconformó por estimar la violación a sus derechos políticos

La prevención del presidente Escudero Morales no se trata -como se ha pretendido presentar- de “una suspensión provisional” que ponga en riesgo la usurpación de funciones, sino de una cauta decisión que se espera cierre el conflicto en condiciones de incertidumbre y duda, debido que el afectado goza de la confianza y apoyo de 14 de 19 colegisladores que lo apoyan.

Por otra parte, de acuerdo con el artículo 72 de Ley orgánica del Congreso, se requieren cinco senadores para integrar una fracción, requisito que cubre la senadora DoloresPadierna. Ambos senadores exhiben y reclaman derechos.

El conflicto se origina en que el procedimiento de destitución no fue adecuado ni por la vía del poder legislativo ni por procedimiento judicial, en el primer caso se argumenta el ataque al ejercicio del fuero legislativo donde ningún representante puede ser requerido en sus opiniones como expresa el artículo 61 de la Constitución: “jamás podrán ser requeridos por ellas”, al respecto, es el presidente de la Cámara el encargado de velar por el fuero, sin propiciar esta vía, más bien se acude al Tribunal Electoral como intención de velar los derechos políticos.

Así debe decidirse si el coordinador destituido ha sido víctima o responsable de una transgresión grave de los Estatutos y Declaración de principios del PRD, al respecto, señala Barbosa Huerta, “no violé ninguna norma interna, ninguna línea política del Partido, porque en los principios de la organización está la apertura, la tolerancia, la pluralidad”, insistió el senador poblano.

La senadora Padierna argumenta que “no dejaré que golpeen y vivan del PRD, porque la función del coordinador no es nombrar candidatos”. Ahí se advierte la discrepancia y un enfoque patrimonialista, ¿Un partido tiene dueño?, ¿a quién pertenecen los recursos públicos? De ahí que el senador Barbosa Huerta llame a su destitución una salvajada ordenada por Miguel Ángel Mancera.

El desliz de mencionar a López Obrador no significa “nombrar o designar un candidato”, ésta es una realidad política en el amplio espectro de la izquierda, no es el único candidato, cierto, solo es mostrar una preferencia. La actitud se califica como indisciplina en el partido desde la ortodoxia militante, aunque en el caso de los representantes son condicionados por el libre albedrío y el voto de conciencia que posibilita, en caso de que el Partido se equivocara, se recurre a reparar el daño con el respeto al derecho de minoría.

El juego del senador poblano es de gran astucia, ganará en el Tribunal su restitución y dispone a la mayoría de los senadores que no ven claro el liderazgo ni de Barrales ni de un Mancera que se hunde en sus acciones autoritarias, como declarar que se mantiene el esquema de fotomultas a pesar de ser inconstitucional, es la debacle total del PRD de liderazgos incompetentes

LA SESIÓN SOLEMNE “DÍA INTERNACIONAL DE LA MUJER”, celebrada en San Lázaro, fue la culminación de la“logística y organización” la presidenta diputada Guadalupe Murguía Gutiérrez, ceremonia calificada como un acierto al enfocarlas desde la “acción de las mujeres artífices de la historia”, el único detalle que oscurece los resultados es el olvido de Gertrudis Bocanegra, cuyo nombre aún no se inscribe, junto con otras siete grandes mexicanas, en los muros del Congreso, al celebrar este año el Bicentenario de su fusilamiento por el ejército de la monarquía española.