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El Observador Parlamentario

  • Antonio Tenorio Adame

  • Antonio Tenorio Adame
  • Clausura Periodo Ordinario de Sesiones
  • Cámara de Diputados atoró la Ley de Seguridad Interior

La LXIII Legislatura llega al fin del Segundo Periodo Ordinario de Sesiones del Segundo año de ejercicio, en esta semana se prevé que el Senado declare su clausura y la Cámara de Diputados el viernes 29 de abril del presente año.

Entre los pendientes de la Agenda Legislativa destaca la Ley de Seguridad Interior que quedó atrapada en Comisiones de estudio de la Cámara de Diputados en un ambiente enrarecido de desconfianza e incertidumbre, derivado de la proximidad de las elecciones donde ningún partido desea transferir al otro el gran poder que significa un Mando Único centralizado de las Fuerzas Armadas. El ambiente que se percibe es que la mayoría oficial (PRI-PV)  se siente insegura de mantener el control del poder.

En el Senado se configura una posible aprobación de leyes humanitarias, están en vela la aprobación en Comisiones de la Ley de Desapariciones Forzadas y la Ley Contra la Tortura. También se decide al fiscal Anticorrupción sobre la propuesta de 23 candidatos que fueron evaluados su elegibilidad.

El senador Pablo Escudero Morales, presidente de la Mesa Directiva, externó su opinión en torno a la nominación del fiscal Anticorrupción de “ignorantes o de mala fe” a quienes critican a la Procuraduría de la República por sus disposiciones emitidas recientemente, en torno a su autonomía respecto a la cabeza de sector.

El énfasis del presidente del Senado revela un estado de enfado personal, una opinión parcial no conocida en momentos aún de mayor tensión. La tarea de presidir el Senado no ha sido fácil, en términos generales fue honorable y sensible, como ha sido en su momento la disputa entre los senadores del PRD y su especial transición al PT a la vez que formar un bloque independiente y mantener posiciones y prerrogativas que otorga su representación en el voto ponderado.

La presidenta de la Cámara de Diputados, Guadalupe Murguía, también dejará el cargo en medio de un mandato efímero donde sus capacidades personales no alcanzaron a mostrarse en toda su magnitud, las posibilidades de un Periodo Extraordinario son lejanas, debido a la confrontación de los partidos que ahora se ven involucrados en la contienda electoral de 2017 y 2018. La turbulencia electoral cimbra al Congreso.

Los comicios en los Estados y de Poderes federales se harán con las actuales normas electorales, para el consejero presidente del Instituto Nacional Electoral Lorenzo Córdova, son eficientes, “los cambios de última hora no siempre son prudentes”.

La ausencia de reformas electorales no abre la segunda vuelta electoral, cuyas ventajas han sido puestas a prueba en la aún fresca elección de Francia con once candidatos a la Presidencia en un régimen semipresencial, mientras en nuestra realidad de presidencialismo “cesarista” no es posible, ni el PAN logrará acceder al poder por medio de sumar mayorías ficticias, ni tampoco el proyecto Manlio Fabio será reconocido por su cohabitación de Gobierno, en un régimen de Coalición de Gobierno.

El objetivo de las fuerzas políticas tradicionales es frenar y descarrilar al aspirante que parece atraer las mayorías, Andrés Manuel López Obrador, se le señala como centro de la corrupción luego que Eva Cadena Sandoval, presidente de Morena en las Choapas, recibiera dinero ilícito para ser entregado supuestamente a líder nacional de ese organismo.  No se señala ni se exige responsabilidad de la parte activa del delito, el corruptor y mal uso de fondos públicos, sino a quien va dirigido, una visión parcial e intencionada.

La ofensiva partidista se deja sentir con toda intensidad, Enrique Ochoa Reza, presidente del PRI, demanda airadamente la renuncia de AMLO, como si se tratara de un juicio político, a fin de proceder la investigación, por su parte Ricardo Anaya, presidente del PAN, solo acusa la corrupción.

El pantano de la corrupción ahoga la política de la nación, a cuyos confines llega en  visita la expresidenta del Brasil, Dilma Rousseff, su opinión clara es que la llegada del neoliberalismo en América Latina trajo de nuevo la corrupción.