imagotipo

El Observador Parlamentario / Antonio Tenorio Adame

  • Antonio Tenorio Adame

  • El colapso social impacta al Congreso
  • En busca de la nacionalidad perdida; Trump y Zapata

El colapso humanitario y ambiental cimbra la sociedad con resonancias en el Congreso. Una nebulosa mediática y de redes envuelve la confrontación.

En el Senado, el presidente de la mesa directiva, Roberto Gil Zuarth, mantiene la decisión de no prorrogar la labor del Grupo de expertos internacionales (GIEI), en tanto en la oposición, el senador Miguel Barbosa insiste en el necesario dictamen que aclare la desaparición de los 43 estudiantes de Ayotzinapa. Mientras en San Lázaro, la Comisión especial demanda se abran espacios a los padres de los desaparecidos. El asunto tiende a mantenerse al interior del Congreso con su permanente confrontación.

De igual manera, el fracaso del “doble Hoy No Circula” se extiende como un obstáculo que pone a prueba la nueva legislación sobre movilización, la capacidad de sobrevivencia saludable de capitalinos y el desbordante conflicto de partidos que envuelve a la Ciudad de México.

En ese entorno la bancada panista insiste en responsabilizar de los efectos telúricos al jefe de Gobierno, Miguel Ángel Mancera. En el frente adversario, los perredistas se argumentan de una corresponsabilidad con el jefe del ejecutivo, Enrique Peña Nieto, quien asumiera el control de las políticas ambientalistas frente al incremento acumulado de ozono.

Los temas de la Agenda Legislativa son postergados en la coyuntura, las leyes anticorrupción son aplazadas o subsumido su importancia, en tanto los diputados impulsan el tema del salario mínimo con la argumentación de ser uno de los más bajos de la región continental.

Los partidos políticos se enfrentan no solo entre ellos, además surge la posibilidad de ejercer un voto de castigo electoral contra “partidocracia” con los candidatos independientes, la posibilidad de competencia se oxigena en una elección de baja competitividad por ser intermedia y desgatada por la frustración generada por la falta de resultados de partidos.

EL CONGRESO GUARDA SILENCIO en torno al ambiente hostil generado por las declaraciones de guerra (no declarada) en el proceso electoral de la presidencia de los EU, en la que el candidato republicano Donald Trump, trata a México como una nación vencida a la que se le exige “reparación de daños”, con la aplicación del “Tratado de Versalles”, de 1919.

Porque no se trata de redoblar los insultos y frivolidades, hasta ahora son más fuego para su popular hoguera, sino de examinar los efectos de políticas proteccionistas a la población migratoria a los Estados Unidos, sus resultados son inciertos y posiblemente nocivos. Han sido políticas públicas ejercidas, desde 1988 a 2016, por los Gobiernos del PRI y del PAN.

La única manera de defensa que disponen los mexicanos es con su nacionalismo histórico basado en el orgullo de la identidad cultural. Entre los símbolos del nacionalismo mexicano figura la leyenda y valor de Emiliano Zapata, cuyo sacrificio fue en Chinameca, el 10 de abril de 1919.

Los presidentes PRIAN, Salinas, Zedillo, Fox, Calderón y Peña Nieto, se equivocaron perversamente y despojaron al pueblo mexicano de su nacionalismo identitario con la idea de entregarse al extranjero y buscar en la globalización, la solución a los problemas nacionales.

De tal modo que promovieron la emigración y la elogiaron cuando se trataba del valor social más importante: la población que marchó a Estados Unidos en términos de un millón al año. Actualmente, diez millones de mexicanos y mexicoamericanos esperan la ciudadanía norteamericana, mismos que no son atendidos, ni entendidos en su dinámica social en el orden de su nuevo perfil de pertenecer a otro orden nacional.

Los presidentes del PRIAN formularon planes para “supuestamente” proteger a los migrantes, primero dieron sin que se pidiera la llamada “doble nacionalidad”, luego, concedieron “la no perdida de nacionalidad”, seguida con una serie de medidas demagógicas como pensar en una circunscripción electoral de migrantes, estimularon un voto desde el extranjero caro y escaso, en los Congresos llegaron a incluirse “diputados migrantes”.

La “no pérdida de la nacionalidad” para los migrantes a Estados Unidos, dio como resultado la pérdida de nacionalidad de más de cien millones de mexicanos.