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El Observador Parlamentario / Antonio Tenorio Adame

  • Antonio Tenorio Adame

  • Sala de prensa diputados: Homenaje a Fernández de Lizardi
  • Primer diputado constituyente de la CDMX

La Cámara de diputados conmemora este día, el Bicentenario de la publicación “El Periquillo Sarniento”, de José Joaquín Fernández de Lizardi, acompañado de la entrega de reconocimientos a los decanos de la fuente.

Los periodistas acreditados en la Sala de Prensa “Federico Barrera Fuentes”, de la Cámara de Diputado conmemora al periodista insigne, pilar fundacional del periodismo mexicano, don José Joaquín Fernández de Lizardi, precursor originario de la libertad de expresión por la que tuvo que enfrentar al virrey Juan Ruiz de Apodaca, en los años de la lucha de Independencia, y así sufrir la represión que lo llevaría en diversas ocasiones a prisión, además de castigos severos por su empecinamiento de revelar la verdad social sin que jamás claudicara.

Fernández de Lizardi nació en Tepozotlán, Estado de México, el 15 de noviembre de 1776 y murió en la Ciudad de México el 21 de junio de 1827. Su obra como periodista es valiosa por su amplia, copiosa diversidad entre la que destaca su periódico: “El Pensador Mexicano”; publicó diez periódicos, entre 1812 y 1827, y  solamente en el periodo comprendido de 1811 a 1824 llegó a escribir ciento noventa y cuatro folletos; éstos llegaron a ser de una hoja, a veces de cuatro a doce, dieciséis y los hay hasta de veinticuatro páginas. Refiriéndose a ellos como “papeluchos” y “boberas”.

El decreto de la libertad de imprenta había sido promulgado desde 1810, sin embargo, las autoridades virreinales retrasaron su aplicación en México, y no fue hasta el 5 de octubre de 1812 que apareció el bando del virrey que la establecía, con una demora de dos años. También en 1812 fue proclamada la Constitución de la Monarquía Española, el 19 de marzo; reimpresa en México, en virtud de la orden del virrey del 8 de septiembre y decretada por bando publicado el 30 de octubre del mismo año. Fernández de Lizardi dedicó los dos primeros números de su periódico “El Pensador Mexicano” a aplaudir la libertad de imprenta.

Se conmemora de manera especial el Bicentenario de la obra literaria más trascendente de Lizardi: “El Periquillo Sarniento”.

José Joaquín Fernández de Lizardi, conocido como “El Pensador Mexicano”, es uno de los clásicos cuando se desea conocer la complejidad de la sociedad mexicana de fines de la Colonia, donde  se liga una reflexión sobre el “ser” de lo mexicano.

Se apela a su capacidad para “retratar” costumbres, lenguajes y tipos populares, para colocarlo como pieza clave en el engranaje de la rueda de nuestra identidad nacional.

El “Periquillo Sarniento” es la primera novela de la América española, portadora de los heraldos de la modernidad en ella se retrata la sociedad de la época que tan difícil como imposible había sido describir en los derechos ciudadanos de la Constitución de Cádiz.

La obra que hoy recordamos, se trata de una escritura picaresca con fines didácticos y moralizantes donde se liga a valores de orden jerárquico, canon eclesiástico, o bien correspondería al ímpetu de la nueva sociedad que ya se advierte.

Lo interesante es situar el Periquillo con su discurso adyacente, la de la crítica del poder, más en sentido hacia delante, hacia la sociedad que emerge, que como recuento de aquella que fenece, los riesgos del afianzamiento, como lamentablemente ocurrió, de ese poder avasallador que se expresa contumaz en el ámbito de la aplicación de las leyes.

Hoy que la Ciudad que hizo y quiso, se encuentra columbrando un nuevo orden político en las ideas de un nuevo Constituyente, conviene revisar la obra magistral del Padre del periodismo libre de México,  y rescatar de la memoria transmitida, el sortilegio de su “Constitución para una República Imaginaria”, una obra concebida en forma de diálogo entre el Payo  y el Sacristán.

¿Hasta dónde los diseñadores del nuevo modelo constitucional de la Ciudad de México dimensionaron la voz crítica y racional de Lizardi, como el Primer Constituyente de nuestra Ciudad? No se advierte aún huella alguna de reconocimiento, en cambio los Poderes y los partidos abrazaron sitiales como dueños de majestad.

Hay que leer a Fernández de Lizardi.