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El oportunismo de los migrantes

  • Benjamín González Roaro

Y sucedió lo que nos faltaba: que los dirigentes de tres partidos políticos PRI, PAN y Morena, no dejarán pasar la oportunidad de lucrar políticamente con la incertidumbre que viven los migrantes mexicanos en Estados Unidos.

Unos, movidos por sus aspiraciones presidenciales, en el caso de Ricardo Anaya y Andrés Manuel López Obrador; y otro, Enrique Ochoa, que a toda costa busca -hasta ahora sin ningún éxito- devolverle un poco de credibilidad y dignidad al priísmo, rápidamente encontraron en las medidas antiinmigrantes de Trump la plataforma para intentar posicionarse políticamente entre los connacionales que viven en aquel país.

Es reprobable el oportunismo que está surgiendo entre diferentes actores políticos y sociales para lucrar, ya sea con la situación por la que atraviesan los migrantes o bien, con el rechazo y repudio social en contra de Trump, con el único propósito de impulsar intereses personales o partidistas.

Aunque en realidad, este oportunismo comenzó cuando el Presidente de la República acudió al aeropuerto de la Ciudad de México a recibir a un grupo de 135 mexicanos deportados; sin embargo, esta conducta de aprovechar la desgracia de nuestros paisanos subordinando cualquier ética, también alcanzó a algunos líderes de las organizaciones convocantes a las marchas en “contra de Trump” que se llevaron a cabo el pasado domingo.

Y bueno, los líderes partidistas no se quedaron atrás o, mejor dicho, no quisieron desperdiciar el fervor nacionalista surgido en diferentes espacios de la sociedad y también comenzaron a hacer lo suyo con miras al 2018.

En los últimos días, cada uno de estos dirigentes viajó a Estados Unidos para reunirse con migrantes. López Obrador estuvo en Los Ángeles; Ricardo Anaya en Houston, Texas y Enrique Ochoa, en Nueva York.

Indistintamente, en cada reunión con paisanos hubo promesas, “apoyo” y solidaridad, como si esto fuera suficiente para detener las redadas, la discriminación, la construcción del muro o para que el señor Trump entre en razón.

Hay que decirlo puntualmente, ningún dirigente tiene posibilidad alguna de ofrecerles soluciones concretas e inmediatas. Lo que en realidad los mueve es hacerse visibles, tomarse la foto y beneficiarse políticamente, en medio de la persecución -literal- que se ha desatado en contra de los migrantes.

Es más, dudo mucho que aquí, en las agendas legislativas de estos partidos, estos temas sean una prioridad y por ahí deberíamos comenzar.

Lo condenable de todo esto, no es únicamente que los migrantes sean vistos como parte del mercado electoral de los partidos. O, dicho de una forma más fría: que estos mexicanos solo signifiquen votos en la disputa por los diferentes espacios de poder.

Sobre todo, es condenable la situación a la que se ha llegado: que ante las enormes consecuencias que estamos padeciendo por las medidas impuestas por el señor Trump -y que una de ellas es la abierta cacería de migrantes- surjan actores políticos y sociales empeñados en llevar agua a su molino.

A México le haría mucho bien que estos liderazgos dejaran de lado su oportunismo. No es posible que en medio de la crisis quieran hacer campaña con nuestros compatriotas, que viven momentos de angustia por el riesgo de su deportación y con ello la separación de sus familias.

No puede haber lugar para el oportunismo cuando están de por medio la violación de los derechos humanos y la dignidad de estos mexicanos, que se fueron a Estados Unidos en búsqueda de lo que no encontraron en su propio país.