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El Papa 266 se confrontó con la prensa

  • Jorge Sandoval

Jorge Sandoval G / El Sol de México

Corresponsal

CIUDAD DEL VATICANO. (OEM-Informex).- Al margen del indudable impacto positivo suscitado entre la gente por parte del primer Pontífice latinoamericano en la historia bimilenaria de la Iglesia, debe subrayarse también la necesidad de un cierto tiempo para poder desarrollar una idea más o menos clara de los proyectos, de la línea, de Jorge Mario Bergoglio, es decir Francisco, Sumo Pontífice número 266 en la historia bimilenaria de la Iglesia y si han concordado con el mundo contemporáneo no solo católico, con sus problemas, sus emergencias y sus valores.

En su primera aparición ante la multitud congregada en la plaza de San Pedro, inmediatamente después de haber sido elegido, el 13 de marzo de 2013, Francisco había conquistado de inmediato el aplauso por su forma original, sencilla y directa de dirigirse a los fieles.

Sin embargo, muy pronto, casi siete meses después, surgió el primer problema, o la primera incomprensión, del nuevo Pontífice con el complejo mundo de la comunicación, significativo también por sus repercusiones.

Efectivamente, el primero de octubre del mismo año, el influyente diario Repubblica publicó un largo artículo, una especie de diálogo-entrevista de Francisco con el fundador del cotidiano, el reconocido periodista (ateo), Eugenio Scalfari.

El artículo, por cómo fue divulgado por Repubblica, suscitó clamor y dio la vuelta al mundo. El hecho era de por sí extraño considerando también que Bergoglio siempre se había mostrado reacio a conceder entrevistas cuando era obispo. Aunque igualmente debe subrayarse su tendencia a dialogar y buscar una especie de “encuentro” también con quien pensaba de manera totalmente opuesta a la suya.

El hecho es que, tal vez ingenuamente, Francisco no se imaginó que ese “diálogo”, esa “conversación privada”, fuese presentada por Scalfari como una entrevista, cuyo contenido suscitó dudas y perplejidades sobre todo por algunas frases de Francisco que algunos no dudaron en definir “explosivas”.

Por ejemplo, a la pregunta de Scalfari de si existe una única visión del ‘Bien’ y quien la establece, según la reproducción del fundador de Repubblica, Bergoglio respondió: “cada uno de nosotros tiene una propia visión del bien y del mal. Nosotros debemos incitarlo a proceder hacia lo que él piensa que sea el bien”.

Palabras que hicieron saltar de la silla a muchos, porque fueron interpretadas como si el Papa considerase al individuo fuente y tribunal del bien y del mal: Una concepción en base a la cual cualquiera podría justificar sus fechorías, incluyendo sus crímenes, afirmando que fueron cometidos por una buena causa… Scalfari afirmó que “Francisco había abolido el pecado”… y agregó que “la Iglesia de Bergoglio era más laica que el Estado italiano”.

El frente tradicionalista polemizo con dureza e inclusive hubo quien insinuó que el papa Francesco fuese heterodoxo, es decir, en este caso, no conforme con la doctrina fundamental de la Iglesia.

Muchos se adjudicaron el rol de jueces del Pontífice, sin preguntarse ni siquiera si en verdad esas palabras habían sido pronunciadas por Bergoglio tal y como fueron presentadas por el diario de Roma. Y muchos tampoco consideraron la poca familiaridad de Francisco con la lengua italiana y la posibilidad de un mal entendido por parte de Scalfari que pudo haber interpretado erróneamente el real sentido de las palabras de Bergoglio.

Era imposible, se subrayó de inmediato, que el Papa hubiera expuesto una idea que contradecía totalmente su magisterio y su misma fe católica.

En este contexto, cabe señalar que, además del Antiguo Testamento, también en el Concilio Vaticano II, se afirmó que “en el íntimo de la conciencia el hombre descubre una ley que él no se dio, pero a la cual él tiene en cambio que obedecer”.

De todos modos, fue la primera vez que el Vaticano, a través de su vocero, padre Federico Lombardi, tuvo que salir en defensa del pensamiento de Francisco, aclarando el real sentido de sus palabras.

Al mismo tiempo, también se constató la costumbre de Bergoglio de expresarse coloquialmente, también como Sumo Pontífice, sin pensar en recovecos diplomáticos, o sin medir el peso de cada una de sus frases, como “establece” en cambio el protocolo diplomático internacional en particular respecto a la dialéctica publica de un jefe de Estado, incluyendo al Papa.

El Padre Lombardi  preciso que el texto (del articulo) estaba fundado en su sentido general, pero no en cada una de las afirmaciones “entre-comilladas”, subrayando además que el mismo “no había sido revisado (por el Papa) palabra por palabra”: Es decir, las frases atribuidas a Bergoglio, tal y como fueron ilustradas por “Repubblica”, no reflejaban el pensamiento del Papa.

En otras palabras, según el Vaticano, se trató de un resumen escrito autónomamente por Eugenio Scalfari, en el cual, como dijo el vocero, “se considero más correcto limitar su valor desde el punto de vista periodístico, sin incluirlo en cambio entre los textos papables que se pueden consultar en el ‘sitio’ del Vaticano”.

El hecho es que este singular episodio reveló de manera significativa la primera de las que podrían definirse “incomprensiones” entre Francisco y la galaxia informativa, un universo del cual Bergoglio siempre había desconfiado, con o sin razón, antes de llegar al solio pontificio y encontrarse por lo tanto en el centro de la atención mundial.

Sucesivamente, sobre todo al inicio del pontificado, se registraron otras situaciones semejantes, aunque menos trascendentales, con las consiguientes interpretaciones opuestas, o por lo menos diversas, no solo entre los “medios”, sino también entre algunos exponentes del mismo mundo eclesiástico, y el estilo verbal del nuevo jefe de la Iglesia católica.