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El papa Francisco en México, ¡le echa ganas! | Acordanza | Tere Ponce

  • Acordanza: Tere Ponce De León

Querido papa Francisco:

Cómo me ha gustado oírte hablar en tu viaje por México, al cual le has echado las ganas de un pastor que “huele a oveja”. Como si fueras un cura de pueblo y no el habitante del imponente palacio Vaticano, te has acercado a nosotros y nos has hablado con palabras sencillas, comprensibles, del mensaje de amor y misericordia que Dios te ha confiado como una buena nueva (renovada)… Todo en tu periplo por mi país me ha gustado: tu acercamiento a los niños y a los enfermos; a las familias; a los grupos indígenas que padecen hambre y sed de justicia, a la grey guadalupana que tu sabes que en México la formamos todos los mexicanos, porque podemos ser ateos o indiferentes a las cuestiones religiosas, pero no dejamos nuestro amor por la Virgen de Guadalupe, que nos arropa con su manto de estrellas desde el Tepeyac… Has esparcido la simiente de tus palabras, que actualizan las enseñanzas bíblicas de Jesús, sobre todo la del sermón de la Montaña… Muchas caerán en tierra fértil, otras en tierra dura, porque nuestra sociedad es una sociedad de contrastes, y tu bien lo sabes. Pero quisiste encontrarte con los que sufren: los enfermos, los ancianos, los niños, las víctimas, como tu bien lo señalaste de la “cultura del descarte”… Decía mi santa patrona, Santa Teresa de Jesús que Dios andaba entre los “pucheros”… Y tú has ido al encuentro de ese tu Dios que vibra en los grupos vulnerables a los que te has acercado… Te escribo esta carta el martes en la noche, cuando regresaste de Chiapas y pude seguir en la radio tus palabras ante las familias: cuando te apropiaste de esa expresión tan familiar entre nosotros que es “echarle ganas”… Y nos alentaste para echarle “ganas a la vida”, a la familia, a los amigos… Y luego, al volar tu entusiasmo consolador, dijiste que echarle ganas a la vida es lo que el Espíritu Santo quiere hacer siempre en medio nuestro: “echarnos ganas, regalarnos motivos para seguir apostando a la familia, soñando, construyendo una vida que tenga sabor a hogar y a familia”… Y te fuiste más arriba aún, hasta decirnos que el mismísimo Dios Padre es por lo que “siempre ha soñado y por lo que desde los tiempos lejanos ha peleado”… Me encantó tu referencia a nuestros primeros padres, Adán y Eva que en el Paraíso “esa tarde en que todo parecía perdido”… aludiendo al pecado original. Esa tarde, Adán y Eva pecaron de orgullo: -Seréis como dioses, le dijo la serpiente a Adán cuando le ofreció el “fruto de ese árbol misterioso y terrible que es el del conocimiento del bien y del mal”… Ay el pecado de ser hombres, la vanidad de emularnos a Dios al querer saber, al desear conocer la naturaleza que nos rodea, descubrir sus misterios para manipularla para apropiarnos de ella, sintiéndonos los reyes de la creación…

EL PAPA Francisco, en México, ¡le echa ganas!

EL PAPA Francisco, en México, ¡le echa ganas!

Tú, querido Francisco, (y perdona que te tutee, pero es que entraste directamente en mi corazón en esta visita a mi país y no puedo tratarte de usted, su santidad, o santísimo padre), solamente aludiste, como en un leve vuelo del pensamiento a esa primera falta que nos hizo indignos a los ojos de Dios, porque nos consolaste diciendo que “el Padre Dios “le echó ganas” a esa joven pareja y les dijo que no todo estaba perdido -y otra vez la alusión- porque les prometió enviar a su propio hijo, para redimirlos a ellos y a nosotros, sus descendientes… Al hacer que nos figuremos a Dios Padre “echándole ganas” en el rescate de Adan Eva y sus descendientes; “echándole ganas” en el rescate del pueblo de Israel perdido en el desierto al enviar el maná del cielo, nos acercaste a Dios – al que muchas veces lo vemos como a años luz de nuestra vida- y nos lo presentaste como un padre amoroso, como un Dios que no está allá arriba, en el Universo, olvidado de nosotros, sino como un padre pendiente de lo que nos pasa porque nos ama: “Nuestro Padre Dios no sabe hacer otra cosa que querernos y de echarnos ganas y sacarnos adelante. “No sabe hacer otros cosa, porque su nombre es amor, su nombre es donación, su nombre es misericordia. Eso nos los ha manifestado con toda fuerza y claridad en Jesús, su Hijo, que se la jugó hasta el extremo, para volver a hacer posible el Reino de Dios”… Y hablaste también de la “precariedad y la soledad” y a Beatriz le dijiste algo terrible sobre la pobreza extrema al señalar que “la precariedad no sólo amenaza el estómago (y eso es ya decir mucho eh), sino puede amenazar el alma; nos puede desmotivar, sacar fuerza y tentar caminos o alterativas de aparente solución, pero que al final no soluciona nada”… Y hablaste también de otra precariedad más grave que la primera, la que nace de la soledad y el aislamiento y que es -para emplear tus palabras- “como una polilla que nos va corroyendo el alma”… Y para erradicarla, sugeriste la solución: legislaciones que garanticen los mínimos necesarios para que cada persona pueda desarrollase por medio del estudio y de un trabajo digno… ”Leyes y compromiso personal son un buen binomio para romper la espiral de la precariedad”, dijiste y yo le aumentaría a Leyes, el adjetivo: justas (que las leyes no siempre lo son)… Estas palabras y las que pronunciaste en Ecatepec, donde nos previniste contra las tres tentaciones que “buscan degradar y degradarnos” , y que son la riqueza egoísta, a base del sudor del otro; la vanidad, como una búsqueda de prestigio a base de la descalificación continua y constante de los que no son como uno, y la peor de todas, la del orgullo son las que me dicen que Jesús tiene en ti un gran Vicario, que esparce su mensaje de amor y misericordia por el mundo entero y aplica a su prójimo la “cariñoterapia”…

/arm