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El papa Francisco y los migrantes / Alejandro Díaz

  • Alejandro Díaz

El Santo Padre nuevamente sacude a muchos con sus mensajes. En una visita a México que se diferencia de las anteriores al expresar, además de mensajes pastorales, uno muy insistente al mundo entero sobre los migrantes. Un mensaje para llamar la atención de gobernantes, líderes políticos, funcionarios y cuerpos de seguridad, sobre la forma de tratar a quienes emprenden el camino por una vida mejor.

Retomando sus mensajes tanto en la isla de Lampedusa como al Congreso norteamericano, vuelve a hablar de migración y los migrantes. Insiste en la obligación de los cristianos de procurar a quienes han dejado atrás su lugar de residencia buscando una vida mejor. De tener compasión por quienes abandonan todo en busca de un sueño, que al no encontrar una buena recepción, se vuelve pesadilla.

Aunque siempre ha habido migraciones en el mundo, 2014 y 2015 fueron años intensos en esa actividad, tanto en América como en Europa. Pero mientras en los últimos años han intentado entrar menos mexicanos a Estados Unidos, no es el caso de los centroamericanos. México retornó esos años a casi 300 mil de quienes cruzaron la frontera sur, y nuestro vecino del norte a 150 mil. Pero lo que Estados Unidos vivió por años, en Europa fue una novedad que la ha hecho reaccionar equivocadamente.

Europa no había estado expuesta a migraciones multitudinarias de fuera del continente (aunque sí de marroquíes y argelinos que por años entraron en forma continua), pero en 2014 se volcaron al sur de Italia más de 600 mil libios y subsaharianos. Durante 2015 otro millón de migrantes, en especial sirios que huían de la violencia, llenaron las páginas de los diarios durante buena parte del año, además de un indeterminado número de ucranianos que también huían de la guerra y del desempleo.

Migrantes ha habido desde el principio de la humanidad: durante centurias las grandes migraciones asiáticas poblaron Europa, desplazando siempre a las que llegaron con anterioridad. También poblaron las Américas cruzando el estrecho de Bering. Centurias más tarde migrantes europeos contribuyeron a poblar varios países americanos, africanos y a Australia. Algunos llegaron por medio de las armas, otros pacíficamente y los menos fueron invitados a asentarse.

La actitud de las poblaciones receptoras no ha sido siempre la mejor. Los migrantes encontraron desde resistencia armada hasta resentimiento sordo, pasando por manifestaciones más o menos violentas en su contra. Migrantes que habían dejado familia y amigos enfrentaron un ambiente hostil a pesar de su disposición a trabajar duramente.

Comunidades con formación cristiana (católicas y protestantes) se han comportado de manera alejada a los principios de Cristo. En vez de tratar a los migrantes, y a quienes estaban en tránsito, con caridad como hermanos en desgracia, los recibieron con desprecio y hasta con odio. Aunque algunos migrantes prefirieron retornar, la mayoría no quiere emprender el camino de regreso a un mundo en guerra o sin futuro.

El Papa, que ha abordado el tema en diversos momentos del pasado, en Ciudad Juárez volverá a insistir en él. Sacudirá las conciencias del mundo desarrollado (y también del que está en desarrollo) para que cambien su actitud hacia a los migrantes. Va a sacudir a todos, pero en especial a ti y a la vieja Europa, que dicen ser cristianos.
daaiadpd@hotmail.com