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El papa viene en el Año de la Misericordia

  • Jorge Sandoval

Jorge Sandoval G / Corresponsal

ROMA, Italia (OEM-Informex).- Siete veces en los últimos 26 años. Tantas son las visitas que el Papa, el Sumo Pontífice, el jefe indiscutible de la Iglesia católica, ha realizado durante ese periodo a México. Si no lo es poco falta para convertirse en un récord planetario, que lo es en cambio en América Latina, Asia y África. Efectivamente, pocos países pueden jactarse de haber recibido a los últimos tres “descendientes” de San Pedro.

Después de Juan Pablo II, que a partir de enero de 1979 visito a nuestro país cinco veces en sus 26 años y medio de pontificado; también su sucesor, Benedicto XVI, no renunció a pisar el suelo mexicano en marzo de 2012, y ahora el primer Papa latinoamericano en la historia de la Iglesia  lo hará del 12 al 19 de este mes.

¿Cómo se gesta un viaje papal? El embajador de México ante la Santa Sede, Mariano Palacios Alcocer, explicó a El Sol de México cómo fue el caso de la visita de Bergoglio.

“La visita se debe a un proceso largo, detallado y minucioso. Tiene algunos elementos de precedentes inéditos y otros que forman parte de los rituales ordinarios. Respecto a los primeros me refiero a que Enrique Peña Nieto ha sido el primer presidente de México que asiste a la toma de posesión de un Papa, el 19 de marzo de 2013”.

“En ocasión de los saludos que el Papa hace después a los jefes de Estado y de Gobierno –precisó el embajador-, el presidente Peña Nieto invitó a Su Santidad a visitar México el mismo día en el que inicia su mandato. Algunos meses después siguieron cartas personales del jefe de Estado mexicano, y también el episcopado de México invito al Papa”.

En su narración, Palacios Alcocer recuerda que cuando presentó sus cartas credenciales en junio de 2013, “al reiterarle al Papa la invitación, él dijo que le daría un enorme gusto pero que antes tendría que ir a África y Asia y de manera  jocosa nos dijo que ‘Si voy a visitar a México antes de visitar Asia me sacan los ojos…”.

“Cuando por primera vez saludé al entonces secretario de Estado, cardenal Tarcisio Bertone, -prosiguió el embajador- me dijo: ‘Benedicto XVI ha estado en México un año antes, tenemos relaciones diplomáticas con 180 países, todo el mundo quiere tener al Papa, México ha sido un país privilegiado, Juan Pablo II estuvo cinco veces, acaba de estar el papa Benedicto y ustedes quieren que también papa Francisco vaya a México?’…’Si eminencia –respondió el diplomático-, tendremos mucho gusto en recibir al primer Papa latinoamericano’…”.

En 2014 –recordó Palacios Alcocer- “hubo otro elemento sin precedentes: El presidente Peña Nieto realizó una visita oficial a la Santa Sede. Es primera vez que un presidente de México lo hace sin visitar otros países, incluyendo a Italia. En junio de ese año, tuvimos
la visita del cardenal Pietro Parolin para presidir un seminario organizado  por la cancillería mexicana y por la Academia Pontificia de las ciencias sociales sobre temas de migración y acerca de los migrantes centroamericanos no acompañados”.

El embajador también recordó las visitas a Italia y al Vaticano de miembros del gabinete del presidente de México, las visitas de 20 gobernadores, de líderes del Congreso, del Senado y numerosos alcaldes..”Y todos lo invitaban a México”.

Palacios Alcocer se refirió también  al episodio de febrero de 2015, cuando conversando con un diputado argentino, Francisco auspició que Argentina  no se “mexicanizara”, con clara alusión al problema del narcotráfico.

Por primera vez desde 1992 cuando se establecieron relaciones diplomáticas entre México y la Santa Sede, hubo un intercambio de notas diplomáticas. “En esa ocasión  -dijo el embajador- tuvimos un mensaje muy esperanzador por parte del Papa, reconociendo su afecto y cercanía con nuestro país y los esfuerzos  de los mexicanos y del Gobierno para combatir la violencia y el trafico de drogas y de armas”.

Semanas después el Papa manifestó su deseo de ir a México, aún precisando que el pueblo mexicano requiere de una semana. “En esa ocasión se especuló mucho –dijo Palacios Alcocer- sobre la posibilidad de que el Papa fuera a México en septiembre de 2015 en ocasión del Encuentro Mundial de las Familias en Estados Unidos, pero había un hecho
importante, es decir la contribución de la Santa Sede en el deshielo entre Estados Unidos y Cuba, por lo que México quedo postergado. El Papa llegó a decir que le habría gustado entrar a Estados Unidos por la frontera de Ciudad Juárez, pero que ir a México y no visitar a la Virgen de Guadalupe nadie se lo habría perdonado”.

En los primeros días de octubre, a través de un comunicado de la nunciatura apostólica “supimos” que la visita se había concretado pero que los trabajos preparatorios debían continuar por las vías diplomáticas.

En octubre y en noviembre se registran los primeros  viajes a México de Alberto Gasbarri, organizador de los viajes papales, y, el pasado mes de enero, de  Domenico Giani, comandante de la gendarmería vaticana, y de los responsables de la Guardia Suiza, así como de monseñor Guido Marini, encargado del ceremonial litúrgico. De la misma manera, se subraya la reciente visita al Vaticano de la canciller mexicana Claudia Ruiz Massieu.
“Para nosotros –puntualizó Palacios Alcocer- el anuncio oficial de la visita se registró el 12 de diciembre en la misa celebrada por el Papa en San Pedro, que durante su homilía también reveló que sus padres se habían casado un 12 de diciembre”.

“El Papa dedicará a México una semana, lo hace en el Año de la Misericordia, será recibido en Palacio Nacional (el primero en la historia) celebrará misa en la Basílica de Guadalupe y se encontrará con personas de alta vulnerabilidad, al margen de la sociedad, con pueblos indígenas, familias, jóvenes, enfermos, presos, trabajadores y migrantes…”.

Los temas que serán afrontados por el Papa se reflejan en la agenda de su visita. “El Papa deseaba encontrarse  con  determinados segmentos de la sociedad mexicana; si el Papa quiere ir a un lugar donde se reflejan los problemas migratorios “entendemos –dijo el embajador- que el tema es la migración; si el Papa desea visitar una cárcel en el Año de la Misericordia  entendemos que va a tratar el problema de las personas privadas de la libertad; si el Papa quiere estar en un hospital donde hay niños en condiciones terminales, quiere decir que desea estar cerca de ellos; si quiere hablar con los indígenas  quiere decir que está interesado en su cultura, tradiciones, valores y religiosidad; si quiere decir misa en Ecatepec, el municipio más poblado de México que ha afrontado problemas de trabajo y migración  interna, quiere decir que la marginación, el trabajo, la pobreza, serán otro tema; si quiere encontrarse con el mundo empresarial, podemos decir que el Papa expresará los principios de la doctrina de la Iglesia, del capital, de la empresa, de los derechos de los trabajadores y la corresponsabilidad para una mejor distribución de la riqueza…”.

“No son actos –precisó Palacios Alcocer- que se decidieron al azar, sino que forman parte de las prioridades del Papa”.
¿Cuáles son los temas de afinidad con el Vaticano y cuáles están aún pendientes?

-“Hay una gran afinidad en varios sectores: la no intervención, la solución pacifica de las controversias, la cooperación para el desarrollo, el desarme, la búsqueda de la paz, la defensa el medio ambiente, el respeto de los derechos humanos y entre estos las libertades, incluyendo la libertad religiosa”.
¿Y los pendientes?

-“Hay un esquema de trabajo conjunto para que todas las Iglesias, las religiones y los poderes Ejecutivo y Legislativo en México trabajen para tener una muy buena ley sobre la libertad religiosa en el país. Hay otros aspectos en los que han habido puntos de desacuerdo: la concepción del matrimonio a la luz de la interpretación de la Suprema Corte de Justicia sobre la inconstitucionalidad de algunas leyes estatales; la Iglesia dice que el matrimonio debe ser entre un hombre y una mujer, mientras que en aras del principio de la no discriminación la Suprema Corte  considera  que esas leyes son inconstitucionales porque discriminan  a personas del mismo género , y este es un principio no negociable para la Santa Sede. Otro sector en los que no hay totalmente acuerdo es el de la bioética, donde la Santa Sede tiene posiciones no negociables en ciertos aspectos, por lo que puede haber concepciones distintas”.