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El pasajero del asiento 15-A / Ma. Antonieta Collins

  • María Antonieta Collins

El vuelo 281 de American Airlines el martes cinco de enero pasado desde Miami tenía a la gran mayoría de los pasajeros preocupados por alguna demora, ya que siempre es un vuelo de conexión. En la sala de espera muchos cuestionaban si lograrían subirse, toda vez que a último momento el avión tuvo que ser cambiado por problemas técnicos y lógicamente esto produce nerviosismo entre algunos. Iba con la productora Wilma Román-Abreu en camino a una serie de asignaciones que comenzarían en Las Vegas, cuando de pronto la mirada de un hombre de complexión mediana y delgada se clavó en mí con enojo. Me llamó la atención, pero preferí como en todos estos casos ignorarle. No dije nada a Wilma y abordamos el vuelo. Ella en la ventanilla del 16-A, a mí me tocó el pasillo de la 17-C.

Estaba acomodándome en mi lugar cuando una mirada de esas que tienen enojo escondido se volvió a clavar en mi rostro:Era el mismo hombre de la sala de espera.

Le miré de frente y entonces me di cuenta que no me veía solo a mí, sino, que acomodándose en la ventanilla siguiente a Román, -en el asiento 15-A- estaba barriendo con esa mirada inquisidora, a todos los pasajeros que íbamos con él, como investigando algo hacia el fondo del avión. Probablemente anda buscando a alguien con quien viaja –pensé entonces- calmándome.

El vuelo despegó y quedé rendida de inmediato. Desperté justo con el anuncio del capitán de que pronto aterrizaríamos en Dallas. Todo era normal hasta que de pronto, gritos en la fila quince nos alertan. Veo un forcejeo de los dos pasajeros que venían junto al hombre de actuar extraño que ¡estaba tratando de trepar por encima de los asientos para salirse!

Como si fuera película sus compañeros de asiento lo agarran por la cintura y literalmente le caen encima para mantenerlo en su asiento. Le hablaban en inglés y al parecer el hombre les entendió, pero seguía intentando subirse a los asientos para salirse. Le pregunto a gritos desde mi asiento que si habla español y me dice que sí.

“Siéntese y no siga intentando salirse porque lo van a arrestar, le grito, ¡lo van a llevar a la cárcel! Esto que está haciendo es algo grave”. El hombre solo se me queda viendo con esa mirada entre rabiosa y perdida y trata de volver a subirse, cuando sus compañeros de viaje lo vuelven a someter. Ahí aparecieron dos asistentes de vuelo. Un hombre y una mujer que hablan con él y al parecer lo calman hasta que, minutos después el avión aterriza y el hombre se adelanta entre la fila, los pasajeros le ceden el paso, sale del avión y desaparece en la inmensidad del aeropuerto de Dallas.

¿Cómo es posible que no lo detuvieran para cuestionarlo? ¿Cómo dejar ir a un extrañísimo pasajero, así, sin más, cuando al pasar por seguridad a todos casi nos desnudan? ¿American Airlines hizo un reporte del extraño hombre del vuelo 281?

“Yo espero que sí, dice Román, porque durante el vuelo intentó también salirse y los compañeros de asiento lo sometieron hasta que vinieron los dos asistentes de vuelo y hablaron con él y lo calmaron. Probablemente tenía un ataque de ansiedad”.

Y ¿qué hubiera pasado si pudo ser un loco decidido a derribar el avión? Y ¿qué si intenta abrir la puerta en pleno vuelo mientras todos dormíamos?

Aquí queda explícito lo aprendido: los pasajeros hemos aprendido a defendernos y en los aviones donde se han frustrado atentados que pudieron ser mortales, han sido clave para evitarlos, pero preocupa que en este caso no se hayan tomado medidas y que el hombre se haya subido a cualquier otro avión, enfermo o no, y haya espantado a más pasajeros que, como nosotros, no supimos que sucedió. Pienso en lo que hubiera pasado si hubiera estado sentado junto a mí porque entonces yo no hubiera tenido fuerza para contenerlo en todas las veces que intentó salirse. Pienso en la responsabilidad de la aerolínea, en este caso American Airlines, dañada en los ataques a las Torres Gemelas y la obligación de informar lo que sucede y tengo una secreta esperanza: Ojalá y por lo menos lo hayan puesto en la lista de alerta de pasajeros problemáticos, para que no asuste a nadie más.