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El peso de las acciones / Federico Ling Sanz Cerrada

  • Federico Ling Sanz

Dice el dicho: “Tus acciones hablan tan fuerte que no se escucha lo que estás diciendo”. En otras palabras, el peso de las acciones es mucho mayor al de las intenciones. El refrán mexicano versa: “Obras son amores, no buenas razones”. Esto quiere decir que no basta con mencionar, expresar o publicar lo que se busca o se desea, lo que se requiere es en verdad ponerse en marcha y demostrar con la conducta todo aquello que se piensa. El riesgo de lo contrario es que se pierda la credibilidad y entonces no servirá de nada todo lo que estamos diciendo.

Traigo esto a cuento, porque en verdad estoy convencido que a México le hacen falta acciones y no solamente razones. Por supuesto no solamente a nuestro país, pero en breve hablaremos de eso. Veamos algunos ejemplos: el primero de ellos es el discurso del “Bronco” en Nuevo León. El recién inaugurado gobernador del Estado de Nuevo León ha tomado posesión y ha anunciado una serie de cosas que pondrá en marcha; entre otras, va a revisar la cuenta pública, ordenará auditorías múltiples, terminará con los conflictos de interés, reducirá el gasto, habrá austeridad, etc. Estoy totalmente de acuerdo con ello, y me entusiasma su entusiasmo. Sin embargo, se hace necesario que todo aquello que está diciendo realmente lo ponga en práctica. Se requiere mucho más que palabras para que el pueblo de México comience a creer. Desde mi punto de vista, el “Bronco” tiene el beneficio de la duda y podrá lograr grandes cosas si hace lo que dice que hará.

Otro ejemplo sería el del Gobierno de la República. Actualmente, la administración federal está pasando por una crisis derivada del tema de los normalistas de Ayotzinapa. Y el conflicto más grave lo está dirimiendo en el exterior, puesto que la opinión pública internacional no le cree lo que dice. ¿A qué se debe? Creo que en buena medida a la discordancia entre palabras y acciones. El Gobierno federal afirma estar comprometido con los derechos humanos, pero al menor asomo de crítica internacional se lanza con todo contra ello. No estamos juzgando si está bien o está mal. Lo que estamos tratando de decir es que la disonancia entre ambas cosas produce un descrédito difícil de remontar. Quizá sería diferente si México asume que tiene un problema y, lejos de pelear con los “mensajeros” (como afirmó el alto comisionado de la Naciones Unidas para los Derechos Humanos), une sus fuerzas para combatir el mal que le aqueja. Por supuesto no vamos a permitir que otros países o personas vengan a juzgar lo que sucede en México, pero es evidente que la crisis debe ser atendida. Si la terca realidad es difícil de cambiar, lo que tenemos que hacer es pedir ayuda para que, desde diversos puntos y aristas, nos ayuden a transformarla. Es decir, en lugar de nadar contra la corriente, hay que ir con ella y aprovechar la fuerza de quien está dispuesto a “echar una mano”. Además, esto genera una credibilidad mayúscula.

Por último, otro ejemplo que quiero poner es el papa Francisco. El Sumo Pontífice ha dicho cosas muy distintas a las de sus antecesores. Quiere romper los viejos paradigmas. Pero ¿de qué sirve que predique que no se juzgará a los homosexuales, por ejemplo, cuando en EUA se reúne con Kim Davis en secreto? La gente dirá: tan bien que iba la cosa. El resultado: las acciones del Papa no coinciden con su discurso. Esto lo hace perder credibilidad.

Y así sucesivamente habrá muchos más ejemplos que podemos usar para afirmar que cuando las acciones hablan, las palabras son mudas.
www.federicoling.com y @fedeling

*Maestro en análisis político y medios de información.