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El PRD en su encrucijada

  • Pedro Peñaloza

“Tras un recuento electoral lo que importa es el ganador. Los demás son perdedores”.

Winston Churchill

 

1. La historia básica. El partido del sol azteca vive y reproduce sus vicios. Su génesis se fraguó al amparo de la presencia patrimonial de Cuauhtémoc Cárdenas. El michoacano se convirtió, después de las elecciones de 1988, en el albacea único del partido. No había decisión que no pasara por sus manos. Todas las tomaba unipersonalmente. La gran mayoría de las corrientes asumieron esta práctica, es más, los más diversos dirigentes siempre estaban a la espera de una decisión del “hijo de general”. Su dedo lo significaba todo. De esa manera, una expresión de la cultura priista se convirtió en la divisa dominante en las filas del PRD. La vida interna era rutinaria. No había sobresaltos. Un caudillo decidía todo. Así, la nueva “esperanza” de la izquierda nació, en el plano organizativo, contagiada por genes autoritarios; por supuesto, ésta lógica se trasladó a la esfera de la línea política del partido, donde los procesos de elaboración y discusión se circunscriban a pequeños grupos de incondicionales del presidente del sol azteca, que no apuntaba a una alternativa de cambio estructural.

2. Del sufragismo básico a la disputa por el botín. Ante la ausencia de una vida partidaria de reflexión y de propuestas programáticas, se optó por la conformaciónde grupos de presión (que no corrientes), cuyo interés único fue y es todavía negociar privilegiosde todo tipo. Esa vía hizo que el PRD dedicará su tiempo más al mercadeo de posiciones burocráticas que a la construcción de opciones programáticas.

3. El agotamiento del reparto. Ahora, frente a una nueva realidad y especialmente por la presión de la candidatura de AMLO, el partido navega sin una perspectiva política clara. Por un lado, coquetea con una posible alianza con el PAN y por otro, insinúa la candidatura de Mancera, aunque éste tiene sus propios planes como candidato independiente (o candidato de MC y PT). En tanto suceden esos posibles escenarios, los votantes “duros” del PRD empiezan a ver a AMLO como su única opción. Han votado por él los últimos 12 años ¿por qué no lo seguirán haciendo?

4. El incidente en el Senado. Lo sucedido en la fracción parlamentaria del PRD anuncia los nuevos realineamientos que se darán en la víspera de la definición de la elección presidencial de 2018. Es obvio que esta disputa de representación burocrática puede ser el banderazo para que también en la Cámara de diputados empiece a quebrarse la unidad del grupo parlamentario. Aunque, más allá de las riñas entre las cúpulas es posible que se inicie un deserción silenciosa entre los cuadros de base que los lleve al regazo del tabasqueño.

5. El PRD como bisagra. La perspectiva que se avecina no puede ser más compleja y desafiante. Aunque las encuestas colocan a AMLO como el candidato puntero, faltan aún las candidaturas oficiales del PAN y del PRI, y una vez definidas permitirá tener mediciones más certeras. Entonces, sabremos si la presunta fortaleza del líder de Morena es real y de cuantos puntos. Ahí es donde radica el papel del PRD, puesto que si aceptamos que al final la diferencia será de entre 5 y tres puntos en la elección presidencial, pueden ser los escasos, pero valiosos votos perredistas los que pudieran inclinar la balanza definitiva. Eso es lo que está esencialmente en juego en éste duelo de vencidas y escupitajos.
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@pedro_penaloz