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El primer sello postal del mundo

  • Cuadratura: Enrique pardo Genis

Me ha tocado hacer talacha en casa en estos último días, y acomodando cosas encontré un paquete que recibí hace mucho tiempo desde Santander, España. La emoción que causa recibir algo así la perdimos con la inmediatez que nos brinda hoy en día la tecnología. Pero algo que llamó mucho mi atención son las estampillas postales pegadas en el sobre; esas que te dicen que la carta ha viajado desde lejos. De ahí me pregunté cuándo y cómo habrá surgido el primer sello.

Y eh aquí la respuesta. El primer sello postal de la historia fue emitido en el Reino Unido en 1840, por iniciativa de su creador Rowland Hill, tras la reforma del sistema postal británico para hacer pagar al remitente, según el peso y la distancia del envío, y no al
destinatario…

A este primer sello se le conoce como Penny Black, y lleva la figura de la Reina Victoria. Cabe destacar que más de dos mil diseños concursaron en la convocatoria de esta primera estampilla, pero ninguna ganó. Por ello se decidió utilizar como imagen un medallón diseñado por William Wyon, realizado en 1837 para conmemorar la visita de la reina a Londres.

La primera tirada fue de 60 mil ejemplares, pero se emitieron en total 68 millones, hasta el momento que fue retirado de circulación en 1841. La idea del sello postal pronto se propagó por el mundo, pero llegó a México más de una década después. Pues fue hasta 1856, que apareció la primera estampilla mexicana (durante la administración del presidente interino Ignacio Comonfort), con un grabado de Miguel Hidalgo y Costilla. La emisión constó de cinco estampillas de diferentes colores y valores: la azul costaba medio real; la amarilla un real; la verde dos reales; la roja cuatro reales y la lila ocho reales.

Las estampillas postales en general tenían dos funciones principales: la primera era la de certificar el prepago de envío de las cartas; y la segunda era un valor meramente diplomático e incluso romántico, ya que el cartero recorrería calles, pueblos, ríos y ciudades para entregar una carta a miles, miles y miles de kilómetros de distancia, con un distintivo sello de origen.

Estas dos funciones hoy resultan irrelevantes, pues han sido desplazadas por el correo electrónico, pues es gratuito, no importa el lugar de origen ni de destino, y no tiene nada, pero nada de romántico. Es verdad, hemos cambiado al cartero por las cuentas y servidores de correo y la distancia por el internet. Ahora las estampillas son un mero recuerdo para los coleccionistas. Y para ellos, cabe mencionar que se calcula que hoy en día queda un millón y medio de Penny Blacks en todo el mundo. Quedará en usted intentar conseguir una de ellas.

Viva la vida y sea feliz

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