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El principal enemigo de Trump / El Agua del Molino / Raúl Carrancá y Rivas

  • Raúl Carrancá y Rivas

Lo queramos o no, lo reconozcamos o no, Donald Trump es encarnación viva de la profunda crisis de valores en que están hundidos los Estados Unidos de América (EUA) y gran parte del mundo entero, pero es también remanente actual del excepcionalismo que ha sido savia nutricia de la teoría liberal estadunidense, vigente hasta la fecha desde su fundación como nación, y que le ha conducido a autoproclamarse como el pueblo elegido por Dios para encauzar el desarrollo y la libertad, comprendida la liberación del mundo, así como para establecer en la tierra la dignidad moral y la salvación del hombre. Así lo ha venido probando desde hace meses su agresivo y paranoico discurso xenófobo en el que ha proclamado su intención de construir una gran muralla en la frontera sur por la que además “México tendrá que pagar”, luego de atreverse a espetar que los mexicanos nos reímos de los norteamericanos, de su “estupidez”, porque “no somos sus amigos y los estamos matando económicamente”, porque “somos violadores” y solo llevamos problemas, drogas y crimen a los EUA, ofendiendo con ello no solo a los millones de inmigrantes mexicanos, sino también al pueblo de México en su conjunto y poniendo en jaque las relaciones diplomáticas entre ambos países.

No cabe duda que en él se encarnan fuerzas obscuras extremistas que el mundo creía haber superado en Occidente. Sin embargo, lo que alarma no es lo radical de su posición, sino el que sea favorito de más del 20 por ciento de los votantes norteamericanos y que esto pueda ser caldo de cultivo para agudizar la animadversión entre mexicanos y norteamericanos. ¿Cómo comprender semejante adhesión política y principalmente ideológica? Desde una explicación muy simple, EUA padece una lucha cultural: por un lado, quienes postulan el multiculturalismo y abogan por un cambio a partir de erradicar la discriminación y el imperialismo. Por otro, quienes creen y defienden a la sociedad norteamericana como es porque creen en su esencia democrática. Trump, en consecuencia, solo externaliza la guerra ideológica que no es nueva. Hasta hace poco se creía que la diferencia entre republicanos y demócratas era intangible, pero una vez más la realidad demuestra que la verdadera lucha es entre izquierda y derecha y que está más viva que nunca, sobre todo en el seno mismo de cada bloque ideológico. Algo que tampoco sorprende si consideramos que la enseñanza de la cultura clásica ha sido cada vez más abandonada de los programas de estudio en EUA, de ahí el alejamiento a los valores universales y la facilidad con la que políticos como Trump llegan a plantear posturas contrarias a la esencia misma del humanismo milenario, que compran sus adeptos, lo que explica que aún grupos religiosos como ciertos sectores de evangélicos lo apoyen, al reconocer su éxito económico como emprendedor por sobre cualquiera de los valores que su propia religión les inculca.

No obstante, con todo y su estridentismo y el porcentaje estimado de partidarios, carece del apoyo total de los republicanos, por lo que aún falta mucho por definir su participación en la carrera presidencial. Por lo pronto, están en la palestra de la contienda cuestiones aún no resueltas y aunque Trump haya escogido como línea de ataque electoral la de manifestarse de forma visceral y explosiva para promover su candidatura, será difícil que en el alma del pueblo norteamericano, hoy enriquecido por el proceso de inmigración más grande que ha vivido nación alguna en la época contemporánea –en gran parte proveniente de los Estados Unidos Mexicanos-, una voz como la suya pueda arrasar en la decisión final del electorado, sobre todo porque no es ni siquiera necesario promover un voto antiTrump. Trump tiene en sí mismo, ante el pueblo estadunidense y ante al mundo entero, a su principal enemigo y más eficaz denostador.
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