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El principio pastrami / Paul Krugman

  • Paul Krugman

Hace un par de meses, Jeb Bush (¿lo recuerdan?) publicó una foto de su pistola con monograma en Twitter, con el subtítulo “América”. Bill de Blasio, el alcalde Nueva York, respondió con una fotografía de un inmenso sándwich de pastrami, también con el subtítulo “América”. Ventaja de Blasio, si me preguntan.

Ahora permítanme arruinar un poco el chiste hablando sobre el subtexto. La publicación de Bush fue un torpe intento por capitalizar el tema en común de los republicanos en el sentido que solo cierto tipo de persona blanca, poseedora de un arma de fuego, ciudadanos rurales o de pueblito encarnan el verdadero espíritu de la nación. Es un tema acogido más famosamente por Sarah Palin, quien les dijo a sureños de pueblitos que ellos representaban el “verdadero Estados Unidos”. Se ve la misma cosa cuando Cruz se burla de los “valores de Nueva York”.

La réplica de Blasio, celebrando una delicadeza característicamente de Nueva York, fue una declaración de que nosotros también somos estadunidenses; que todos cuentan. Y eso, seguramente, es la visión de Estados Unidos que debería prevalecer.

Razón por la cual resulta inquietante ver intentos palinescos por deslegitimar a grandes grupos de votantes que salen a la superficie entre algunos demócratas.

Bastante gente parece confundida con respecto al estado actual de la contienda por la nominación demócrata. Sin embargo, los puntos esenciales son simples: Hillary Clinton tiene una gran delantera tanto en delegados prometidos como en el voto popular. (En elecciones primarias de los demócratas, la distribución de delegados es casi proporcional a los votos.) Si usted se pregunta cómo es eso posible -¡Bernie Sanders acaba de ganar siete Estados de manera consecutiva!-, tiene que darse cuenta de que esos siete Estados tienen una población combinada de alrededor de 20 millones. En el ínterin, Florida sola también cuenta con alrededor de 20 millones de habitantes… y Clinton la ganó por margen de 30 puntos.

Para superarla, Sanders tendría que ganar las contiendas restantes por un margen promedio de 13 puntos, número que subirá casi seguramente tras las primarias de Nueva York, incluso si a él le va mucho mejor de lo que sugieren encuestas actuales. Eso no es imposible, pero es altamente improbable.

Así que la campaña de Sanders está argumentando que los superdelegados -la gente, principalmente gente enterada del partido, no seleccionada mediante primarias y delegaciones que llegan a servir como delegados bajo las reglas de la nominación demócrata- deberían darle a él la nominación incluso si pierde el voto popular. En caso que usted se esté frotando los ojos: Sí, no hace mucho tiempo atrás, partidarios de Sanders estaban criticando con dureza cómo Hillary iba a robarse la nominación haciendo que superdelegados la pusieran por las nubes a pesar de haber perdido las primarias. Ahora la estrategia de Sanders es ganar haciendo exactamente eso.

Pero, ¿cómo puede la campaña exponer el argumento de que el partido debería desafiar la aparente voluntad de sus votantes? Insistiendo en que muchos de esos electores no deberían contar. A lo largo de la semana pasada, Sanders declaró que Clinton va a la cabeza solo porque ella ha ganado en el “Sur Profundo”, que es una “parte bastante conservadora del país”. Hasta ahora el conteo, dice, “distorsiona la realidad” porque contiene muchísimos Estados sureños.

Ocurre que esto no es cierto: el calendario, que anticipó algunos Estados muy favorables a Sanders, no ha sido un gran factor en la contienda. Además, Florida, estado con voto bisagra, no es el Sur Profundo. Pero, eso no tiene importancia. El gran problema con este argumento debería saltar a la vista. Clinton no ganó en grande en el sur con la fuerza de los votantes conservadores; ganó al captar a una abrumadora mayoría de votantes negros. Esto le da un giro diferente a las cosas, ¿cierto?

¿Es posible que Sanders no sepa esto, que imagine que Clinton está montando una ola de apoyo de anticuados sureños ondeando la bandera confederada, a diferencia de, seamos audaces, los descendientes de esclavos? Tal vez. Como quizá hayan notado, él no es un tipo que preste atención a los detalles.

Sin embargo, es más probable que él esté siendo engañoso de manera deliberada… y que su esfuerzo por deslegitimar a una gran parte del electorado demócrata es una cínica estratagema.

¿Quién es el objetivo de esta estratagema? No los superdelegados, con seguridad. Piénsenlo: ¿Pueden imaginar a gente entendida del Partido Demócrata decidiendo negarle la nominación al candidato que ganó la mayoría de los votos, con base en que los votantes negros no cuentan tanto como los blancos?

No, los alegatos en el sentido que victorias de Clinton en el sur de EU deberían ser descontadas van enfocados realmente a descaminar a partidarios de Sanders, dándoles una perspectiva nada realista de las probabilidades de que su favorito aún pueda ganar; y por tanto, manteniendo en marcha el flujo del dinero y de voluntarios.

Solo para estar claros, no estoy diciendo que Sanders debería abandonar. Él tiene el derecho a seguir haciendo campaña, con la esperanza de ya sea lograr descomunales triunfos inesperados en las primarias restantes, o de tener influencia en la convención. Pero, intentar continuar su campaña yendo por ahí engañando a sus partidarios, no está bien. Además, burlarse de millones electores es totalmente inaceptable, particularmente para un progresista.

Recuerden el principio pastrami: Todos somos estadunidenses reales. Y los estadunidenses negros definitivamente son demócratas reales, merecedores de respeto.