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El puente Guadalupe–Reyes / Mireille Roccatti

  • Mireille Roccatti

«Ut sementemfeceris, ita metes» **

El lector que ponga su vista sobre estos renglones, coincidirá conmigo que mañana 12 de diciembre iniciará un lapso de tiempo que esperan los mexicanos con ánimo festivo y que en pleno goce de su espíritu bromista ha bautizado con éxito como: Puente Guadalupe Reyes, lo que obedece a que inicia con la celebración a la Virgen de Guadalupe y culmina con los festejos de la llegada de los Reyes Magos el seis de enero del próximo año.

Así, los mexicanos han hecho coincidir tradiciones y costumbres como la adoración y veneración religiosa de la Virgen de Guadalupe, símbolo por antonomasia de la unidad nacional, durante la cual testimoniamos hechos y acciones de lo mejor de la solidaridad de nuestro pueblo para con sus semejantes, como darles de comer y beber a los peregrinos que acuden por centenares de miles de todos los confines de nuestro territorio.

Y faltaba más, por tradición ese día, se festeja a la “morenita del Tepeyac” en talleres, fabricas, oficinas y hogares con comida y bebida; como arroz a la mexicana, mole, tortillas hechas a mano, romeritos y todavía en algunos lugares, pulque y desde luego cerveza.

Eso es solo el inicio porque luego siguen sin interrupción las posadas, comidas de oficinas y centros laborales; celebraciones varias de fin de año, como: de amigos que no se han visto en el curso del calendario, grupos generacionales escolares, familiares que no coincidirán en la Navidad, y otros. En fin los pretextos no faltan y los kilos comienzan a sobrar por los excesos de comer y beber.

Luego viene el platillo principal, la celebración de la Navidad, fiesta que poco a poco en nuestro país, ha sido influenciada en sus signos externos por la tradición anglosajona y nórdica, de Santa Claus, el árbol de Navidad y el intercambio de regalos; aunque persiste y está lejos de desaparecer la tradición judeo cristiana occidental, del nacimiento de Jesus, el hijo de Dios, el “Niño Dios” como dicen muchos mexicanos.

Y podemos observar en muchos sitios, tanto en los hogares como en sitios públicos, la representación de “nacimientos” realizados con toda clase de materiales y de todos los tamaños, algunos son verdaderas obras de arte. Y por supuesto, la tradición marca que ese día se come bacalao a la “vizcaína”, pavo, romeros, pierna de cerdo, jamón Virginia, lechón, ensalada navideña, entre otros manjares que se estilan según la región, y sobre todo a las posibilidades económicas de cada familia, pero para casi nadie pasa desapercibida la celebración.

A continuación y para cerrar con broche de oro, el año que culmina los mexicanos celebramos la llegada del Año Nuevo, todavía algunos acuden a misa de gallo, y luego a repetir la comilona navideña, aun en algunas casas, se usa comer una uva por cada campanada de las doce de la noche y otros, cada vez menos, afortunadamente, disparan al aire y truenan cohetes pirotécnicos.

Finalmente, para cerrar el ciclo celebratorio, el seis de enero, se celebra la llegada de los Reyes Magos, ocasión en que en muchos lugares del país, los padres entregan regalos a los hijos y no podía faltar, comer la tradicional Rosca de Reyes por supuesto con sus tradicionales muñequitos de Niños Dios, acompañada de un espumante chocolate caliente. Y al día siguiente a trabajar, con los estragos de la fiesta e iniciar dietas para paliar los excesos de beber y comer. Algunos prolongan las celebraciones hasta el día de la Candelaria el 2 de febrero para saborear los deliciosos tamales acompañados de champurrado o atole.
**«Como hayas sembrado, así has de cosechar»