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El que a hierro mata… a hierro muere

  • María Antonieta Collins

Desde Sacrameto, California

Lo sucedido al hoy exdirector del FBI, James Comey, aquí no le ha quitado el sueño a muchos. Pregunto ¿por qué, en un estado que voto masivamente por Hillary Clinton, saber del despido súbito del director del FBI no provoca las airadas reacciones que en el resto del país?

Alguien responde de inmediato:

“Lo que Comey hizo las semanas previas a la elección presidencial no fue un chiste, sino un plan orquestado desde afuera para detener el arrollador triunfo de la exprimera dama. No estamos hablando del triunfo de un político regular, por el contrario, estábamos hablando de o qué pudo ser una elección histórica en este gran país que tiene una deuda con sus mujeres, porque si Hillary fuera hoy la presidenta, sería la primera mujer en ser electa al puesto, y todo eso se vino abajo por las artimañas empleadas por muchos, entre ellos el señor Comey”.

Me extraña la ingenuidad de no poder ver “más allá” y darse cuenta de lo que se fraguaba a su alrededor, y ser el último en enterarse de que las cosas con el presidente no solo estaban mal, ¡sino mucho peor! y que lo que vendría sería el despido, así, sin más, y esto me hace preguntarme al igual que miles. ¿No pudo ver lo que se le venía encima, el hombre responsable de las suspicacias e investigaciones más grandes y difíciles de Estados Unidos?

La realidad como nos la cuentan es que no y eso nos deja boquiabiertos.

Precisamente de viaje en Los Ángeles y hablando ante su gente en unas reuniones del FBI es como se entera que lo habían corrido, había creído que no era sino un rumor y poco más tarde, dado que no hubo comunicación alguna de la Casa Blanca, pensó que alguien le había “hackeado la cuenta a Trump, de manera que estuvieran haciendo solo noticias falsas.

Fue minutos después, -tal y como sucediera en la entrega de los Oscares- que le dieron al perdedor inicialmente el título de ganador.

Así, tristemente James Comey se dio cuenta que se lo habían ejecutado sin previo aviso haciendo el ridículo grande, aunque siempre menor al que, a razón de su despido tiene en la mirilla al presidente.

Aquí no está en juego únicamente que haya sido botado del empleo por el presidente a quien estaba investigando o que planeaba investigar, sino a algo que no debió haber pasado, y que políticamente no era lo correcto, pero entre lo que dice un papel y lo que se hace en la práctica hay un espacio inmenso.

“Ahora, -me dice una residente de Sacramento- es muy fácil venir a decir que cuando tuvo que dar la noticia de la segunda investigación a Hillary ‘se sintió medio nauseado’”, pero que tuvo que hacerlo y que una vez tomada la decisión lo hubiera vuelto a hacer, pero, ¿por qué no tener un comportamiento distinto? porque tiempo de mas o de menos, no tardaremos en saber que algo hecho desde afuera, no necesariamente con profesionales estadounidenses, fue lo que le costó a las mujeres no haber tenido ya una presidenta de la nación.

La furia por ese James Comey es la que no permite a muchos ciudadanos electores aquí en California sentir compasión por la forma en que fue sacado del puesto, por su jefe el presidente.

¿Había otras formas de renunciarlo? ¡Por supuesto que sí!

Entonces -pregunto- ¿Por qué hacerlo de la manera que atestiguamos?

“La razón es sencilla -me sigue explicando- el anónimo y populachero analista- bien dice el dicho lo que él hizo: matas a hierro y generalmente a hierro mueres…”.

Comenzaremos a saber más detalles del daño que Comey hizo a la elección de noviembre de 2016, y quizá así entenderemos más, las razones de lo que,sin lugar a dudas fue un incorrecto e injustificado despido…