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El que esté libre de culpa…

  • Gabriela Mora

Vivimos una realidad que nos deja ver el evidente enojo entre ciudadanos y gobernantes, todo indica que empezamos a enojarnos los unos con los otros y debemos poner mucha atención con ello dado que nada estropea más la convivencia, como el enojo, y es claro que si él nos gana, en cualquier tipo de relación, la situación se torna incierta y peligrosa de tal forma que en el caso de no saber manejarlo, el futuro se convierte en caos.

Al día de hoy, el pueblo de México libra enormes vicisitudes en todos los ámbitos –político, económico y social-, que acarrean inquietud y el desconcierto, lo cual nos lleva a percibir que entramos a una etapa entre el debate y la exaltación… de ahí, al enojo, al pleito y ni Dios lo permita, a una revolución que hoy por hoy, ya pasa de lo silencioso.

Es claro que la situación política evidencia una confrontación entre partidos, poderes y caos social al grado en que nos encontramos divididos como ciudadanos y buscamos no solo quién nos la hizo, sino quién nos la habrá de pagar, o sea en el berrinche total.

Ante la situación y reconociendo una reacción natural, hemos entrado a un terreno de desorientación e incomprensión que nos hace caer, con mayor frecuencia cada vez en la sinrazón, y si a ello le añadimos la influencia de algunos líderes políticos e influyentes en el ánimo social, la cosa se pone peor…

A inicios de la semana, por muchas vías saltó a la luz la investigación realizada por un grupo para el portal de Carmen Aristegui; sin afán de minimizar los hechos, mediante ella se trató de disminuir la muy memada figura del presidente Enrique Peña Nieto, e igualmente podemos reconocer un sinnúmero de errores cometidos por él como estudiante de la carrera de derecho de la Universidad Panamericana –si los ha cometido trascendentalmente como Presidente de la Nación-, no obstante, si de juzgar su tesis profesional “El Presidencialismo Mexicano y Álvaro Obregón” se trata, lo más oportuno sería medir a varios de los protagonistas políticos del México actual, con la misma vara.

Es cierto que Enrique Peña omitió créditos y tuvo grandes errores de forma e incluso quizá de fondo en el trabajo que lo llevó a cumplir con los requisitos para titularse como licenciado en derecho; sin embargo, es claro que el ataque propinado por Aristegui más allá de exhibir a Enrique Peña, nos lleva a concluir la tramitología que en México implica la obtención de un título universitario, que mediante una mediocre investigación concluye en la certificación de miles de “profesionistas” egresados de las instituciones de educación superior, en este caso se trata de una de reconocimiento y prestigio, como lo es la Universidad Panamericana…

Pero si se trata de someter al escrutinio público a otro de los próceres de la política mexicana, vayamos al caso de Andrés Manuel López Obrador, quien fue un evidente fósil en cuanto a la conclusión de sus estudios profesionales, luego del tiempo que le llevó recibirse; y qué decir de muchos dirigentes legislativos de todos los partidos políticos, y entre ellos varios de los miembros gubernamentales; finalmente, hablamos de Carmen Aristegui???

Algo sí dejó ver la investigación de Carmen: ubicó la realidad del sistema de reconocimiento oficial a nivel profesional en México, y este sí es el valor de su información, cochupos, plagios y manejos de información que seguramente comete más del 90 por ciento -por decir solo un número-, de los egresados de licenciaturas y hasta de posgrados para titularse.

Indudablemente la información nos lleva a pensar… Habrá que evaluar y corregir las formas en que hoy por hoy se titulan muchos profesionistas, dado que los tiempos han cambiado y con ellos los recursos y tecnologías para culminar los estudios y formar profesionistas, maestros y doctores. Lo cierto es que necesitamos cambiar los esquemas de revanchismo, coraje y rencor que solo generan rencor y violencia, si no queremos que el país arda en llamas… Y es claro que cada vez se acerca más a ello…

gamogui@hotmail.com