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El quinto mandamiento en política / Juego de Palabras / Gilberto D’ Estrabau

  • Gilberto Destrabau

Uno de los mandamientos recibidos por Moisés en el Sinaí fue “no matarás”. Como las cosas han cambiado ligeramente en seis mil años, algunos tratadistas prefieren reescribir la quinta ordenanza como “no asesinarás”.

Así como los políticos tienen más vidas que un gato, también pueden padecer más muertes que Melquiades Estrada. De una de ellas, la más ruin de todas, hablaremos en lo que sigue.

Cuando los políticos están más expuestos a ataques es cuando aspiran a un puesto público y están en campañas y precampañas. Como ahora estamos en esas fases de las elecciones de junio, revisemos tales eventos.

La precampaña es el lapso que la norma electoral y los estatutos partidarios destinan a las diferentes actividades que culminarán en la elección de un candidato.

Durante las precampañas, además de los actos públicos de concomitancia ideológica, los siniestros cuartos negros o de guerra de los aspirantes trabajan paralelamente, denigrando a los rivales, sacando a la luz pública sus errores, faltas y defectos, cobrando favores, pasando facturas negras, y en general, estableciendo un tejido de amiguismo/ chantaje/promesas de cargos o negocios, que van consolidando una base de poder del aspirante hacia adentro del partido. Sobre la base de poder más sólida e invulnerable, se hará la carpintería de la candidatura.

Mientras en lo interno los aspirantes se voltean mutuamente al revés como calzones, a modo de que todo el mundo pueda ver las manchas de nicotina, para las campañas los cuartos negros diseñan y alistan estrategias y tácticas de las que son llamadas “guerra limpia” y “guerra sucia”.

La guerra limpia es la menos utilizada, porque en la práctica ha demostrado ser la menos eficiente. También es la menos divertida. De modo muy general, las guerras limpias se pelean a base de encuestas, debates, declaraciones no peyorativas, y el forcejeo parlamentario para aprobar las leyes, reformas y presupuestos que más beneficien al partido en general, y al candidato favorecido con el apoyo especial de las dirigencias reales y/o virtuales de los partidos.

La guerra sucia es, técnicamente un “asesinato de carácter”, y es una de las muertes a la que los políticos están más expuestos a sufrir y seguir vivos, como comentábamos antes. Es parecida a la muerte civil, que puede ser uno de los resultados de la elección. Consta de tres partes: una, exposición pública de actividades reales, pasadas o presentes, de los candidatos, capaces de perjudicar sus imágenes personales y las de su formación; dos, creación y difusión de rumores perjudiciales a la reputación e imagen pública de dichos candidatos; y tres, crear oportunidades reales o ficticias para que los candidatos rivales, sus colaboradores cercanos y sus familiares, sean exhibidos por los medios en situaciones comprometidas, dudosas o claramente delictivas.

Los resultados de las precampañas, además de la nominación del candidato, producen un acervo de experiencias tácticas, que luego se trasladan, perfeccionadas, a las campañas.

Todo esto tendremos oportunidad de apreciarlo en vivo y a todo color, durante los próximos meses.

Buenos días. Buena suerte.
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