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El Reino Unido decide abandonar la Unión Europea

  • Alejo Martínez

Alejo Martínez

Para comprender mejor lo que está sucediendo en el mundo de hoy, nos puede ayudar echar una mirada retrospectiva a lo acontecido durante la etapa del florecimiento del capitalismo mercantil, entre los siglos XIV y XVII. Partamos del genial diagnóstico marxista en torno a los resortes esenciales que han impulsado los avances de la humanidad. Don Carlos sostenía que aun cuando existe una retroalimentación e interdependencia entre la infraestructura y la superestructura de las sociedades, de alguna manera la que tiene primacía y tiende a definir la conformación de la superestructura es lo que denominaba infraestructura.

Es el desarrollo de las fuerzas productivas, de los instrumentos y técnicas de producción, es decir, de la forma en que nos ganamos la vida, en que obtenemos el sustento cotidiano lo que va impactando con enorme influencia al ámbito supraestructural, constituido por los valores éticos, los tipos de religión, de normas jurídicas, ideologías políticas, costumbres sociales, formas de organización gubernamental y en general la mayoría de las manifestaciones culturales del ser humano.

Es así como unos sustanciales avances infraestructurales en los instrumentos y técnicas de navegación generados en la Europa de la época, abrieron espacio a un primitivo capitalismo. Fue entonces cuando el dinero adquirió una enorme importancia ya no solo como instrumento que facilitaba tanto el pago de trabajos como la compra de bienes y servicios, sino que se volvió un instrumento de inversión para generar más dinero sin que necesariamente mediara trabajo humano o la simple propiedad de tierra. El capital sirvió para generar más capital sin intermediación de trabajo. Esa es la magia del capitalismo para quienes poseen capital.

Fue gracias al capitalismo mercantil que surgieron los bancos, las afianzadoras, las aseguradoras, que se descubrió América, que se conquistó la Nueva España y otros muchos territorios, que florecieron tanto el colonialismo como el Derecho Mercantil y éste se independizó del Derecho Civil, que la Iglesia Católica se vio obligada a ignorar su milenaria prohibición del préstamo con intereses, consagrada expresa e insistentemente en la Biblia y fue causa de algo más que se quiere resaltar aquí: el derrumbamiento del sistema feudal para dar paso al Estado Nacional.

Hoy estamos teniendo el privilegio de vivir la etapa de los más vertiginosos y variados avances en los instrumentos y técnicas de producción que haya experimentado la humanidad a lo largo de toda su milenaria historia. En particular los enormes avances, ya no solo en los instrumentos y técnicas de navegación, sino en todos los modernos medios de transporte y además en los de comunicación y telecomunicaciones son los que de forma natural nos han sumergido de lleno en el absorbente proceso de globalización o mundialización, en donde los citados avances han vuelto posible el singular fenómeno narrado por Pietra Rivoli en su libro “Los viajes de una playera en la economía global”, que muestra cómo confluyen decenas de países en la elaboración, distribución, uso y desecho de una simple playera.

Así como los espacios feudales les fueron quedando muy chicos a las fuerzas productivas del capitalismo mercantil, hoy los espacios de los Estados Nación les están quedando diminutos a las nuevas y ultra-poderosas fuerzas productivas. Por ello la tendencia lógica y natural, la más productiva y rentable, desprendida de ideologías, se orienta hacia la integración económica en espacios supranacionales. Es por tales motivos que la decisión de esa mínima mayoría de 51.9 por ciento del Reino Unido que optó por la salida de la Unión Europea constituye un ejemplo típico de expresión del “mal humor social” que se expande por demasiadas naciones del planeta.

Se trata de una decisión más visceral que calculada, más emocional que racional, pronunciándose en contra de las evaluaciones formuladas por las instituciones más confiables y los cerebros más lúcidos, pero está claro que para las masas tienden casi siempre a dominar los sentimientos sobre la lógica y el raciocinio. Ahora penetra sobre los más diversos países un mal humor social que tiende a lanzarse contra los Gobiernos y los estratos dominantes. Nuestro México está bien inmerso en esa dinámica.
amartinezv@derecho.unam.mx          @AlejoMVendrell