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El reto de la unidad nacional

  • Benjamín González Roaro

México vive uno de los momentos más difíciles en la historia de su relación con Estados Unidos de América. Las primeras acciones anunciadas por Donald Trump en materia migratoria y para la construcción del muro se convirtieron en el factor que ha tensado los vínculos entre ambos países.

En su afán proteccionista, cualquier cosa puede esperarse del nuevo Presidente estadunidense por su obsesión por “devolver la grandeza a Estados Unidos”. Lo que sí tenemos claro es que el Sr. Trump no se detendrá en seguir decretando medidas a pesar de las consecuencias que éstas tendrán para nuestro país. Algunas de ellas, como lo dije anteriormente, pueden ser una oportunidad para la nación.

Por ejemplo, es interesante destacar el surgimiento de un amplio consenso entre los mexicanos, que exige respeto a nuestra soberanía, a los derechos humanos, a la dignidad de los connacionales que viven en aquel país y, particularmente, el rechazo al muro.

Es más, en algunos círculos de opinión se ha llegado a considerar la oportunidad que hoy tiene el presidente Enrique Peña Nieto para relanzar su Gobierno, justo ahora que registra los niveles más bajos de popularidad y aceptación entre los mexicanos.

Por una parte, esta apuesta la fundamentan en las simpatías que generó la cancelación (forzada) del encuentro Trump-Peña Nieto, así como en el apoyo y convocatoria a la unidad expresados por diversos actores políticos y sociales, desde dirigentes partidistas, empresarios y gobernadores, hasta miembros de los poderes Legislativo y Judicial.

Sin embargo, dicho con todo respeto, todo esto queda muy lejos de convertirse en un factor que termine por restaurar y consolidar la unidad que hoy México necesita.

Comentó lo anterior porque hasta ahora no existe ni institución, ni liderazgo ni actor político o social, que cuente con la credibilidad, la estatura política y calidad moral, no solo para llamar a la unidad, sino también para articular ese consenso y nacionalismo surgidos de la sociedad.

Por parte del Ejecutivo, no bastan las convocatorias para estar unidos. Para empezar, el Gobierno tendría que mostrar apertura para tomar en cuenta las distintas propuestas que destacados personajes están aportando para hacer frente a las decisiones de Trump. Nuestro Gobierno, por primera vez, tiene que ser incluyente para diseñar una política nacional orientada a defender los derechos y la dignidad de los mexicanos, el interés y la unidad.

Además, no olvidemos que el apoyo manifestado en diferentes ámbitos es coyuntural. En la agenda nacional hay temas y procesos que muy seguramente provocarán que varios actores y liderazgos políticos profundicen su estrategia de confrontación y desgaste hacia el Ejecutivo.

El incremento a las gasolinas que se dará en febrero o pasando las elecciones del Estado de México; la polarización que provocará el desarrollo de los procesos electorales; la impunidad que prevalece en los casos de exgobernadores relacionados con presuntos actos de corrupción; la escalada de inseguridad; el estancamiento de la economía y el incremento de la inflación; los nombramientos de funcionarios como Virgilio Andrade; entre otros más, terminarán por conducirnos a un escenario en donde el Presidente no solo se seguirá debilitando, sino que la sociedad nuevamente mostrará su rechazo y desaprobación.

No basta con decirle un “no” al señor Trump, la respuesta más contundente está en la unidad de los mexicanos; pero para consolidarla, hace falta más que un discurso y una convocatoria.
P.D. Gracias, Carlos Slim Helú, tu intervención la semana pasada frenó la especulación contra el peso. Ojalá te animaras a más…